Huevo hilado

JOAQUÍN L. RAMÍREZ

En ese automático ejercicio de mirar hacia afuera, instintivo e involuntario, el sentido y la cromática de lo que asoma no son sino el fruto de lo que hay con todas las condiciones y subjetividad que se pueden imaginar. Por eso las opiniones son tantas y tan diversas que, unas matizan a otras, o hasta llegan a contraponerse radicalmente. Algo que debe respetarse hasta impedir que las falsas legitimidades reclamen para sí el derecho a anular la expresión de según qué posiciones contrarias.

En estos tiempos de hackers y ataques informáticos, cuya doble intención es destruir vericuetos, soluciones dispuestas e información, también se practica la intromisión y la suplantación de los actores y autoridades. De este modo acaban por comprometerse el desarrollo y los resultados de los procesos internos de unidades, entidades, empresas y hasta estados soberanos. Es un 'accidente del terreno' más con el que los teóricos y profesionales han de contar necesariamente en la preparación de sus productos y en ejercicio ordinario de los mismos.

Las elecciones presidenciales de USA fueron objetivo y campo de batalla de los ataques intromisores con efectos difíciles de evaluar, aún hoy está por finalizar el inventario de daños. Hoy también, se habla desde fuentes técnicas normalmente fiables y autorizadas, de una situación similar en el desarrollo de la jornada del referéndum ilegal catalán del 1 de octubre. La profusión de mensajes literales e imágenes fotográficas y en vivo fue todo un dispendio, previamente colmado, con un guion y un buscado destino perfectamente dirigido e imposible de batir con la mera información ordinaria. Merece la pena hacer especial mención de que la intervención externa en la cuestión catalana fue claramente colaborativa; se trataba de favorecer a unos frente a otros, algo que también ocurre con frecuencia en nuestros días. Cabe deducir sin más complejidad que los sedicentes han contado con esta ayuda externa para llevar a cabo sus fines, vamos que la han buscado y pactado, por cuanto se daba una proverbial coincidencia de intereses. Resulta realmente chocante escuchar a los dirigentes de la cosa independentista reivindicar la pertenencia a Europa y su apuesta por la UE de una fantasiosa república catalana, mientras se aliaban con los enemigos de la existencia y fortaleza de la propia Unión. Es chusco y reprobable, pues escribir con renglones torcidos para que salga derecho es, en todo caso, sólo cosa de Dios.

El 'prusés', hoy debilitado, maniatado y hasta amputado parcialmente por la acción legal de los poderes del estado de derecho, ha consistido en un plan minucioso, pensado y ampliamente dotado de preparación y recursos. Incluso cabe reportar que los autores intelectuales de todo ello, han mostrado un gran derroche creativo, pero la amplia complejidad de su búsqueda acabó por llevárselos por delante. Cuando juegas al ajedrez has de prever los movimientos del contendiente, pero hay que acertar en cuál será la reacción para poder volver a contestar en la siguiente jugada. Así fue en los inicios de las acciones rebeldes, pero sólo al principio. Tras la sorpresa, los conspiradores no encontraron el calor de los enemigos de España con los que tanto soñaron, viéndose también asaltados en lo previsto por las decisiones de las más importantes y carismáticas empresas y el devenir de la economía y la realidad. La literatura y la historia del siglo XIX y hasta del XX no han valido para recrear hostilidades y traiciones en un mundo que tanto ha cambiado (no hay mayor drama para un traidor que la soledad de no encontrar el apoyo de más traidores). Y a ello hay que sumar el infundado menosprecio de estos forajidos -que pretenden ignorar que lo son- a los españoles a España y sus instituciones. Comparecer ante la Audiencia Nacional o el Tribunal Supremo con modos desahogados y soberbios es un error descomunal de efectos inmediatos, hoy ya lo saben quiénes se negaban a saberlo. Así los que han podido acudir a declarar ante el Supremo en dos actos, gracias a la petición de preparación de defensa de sus abogados, cambiaron actitudes en su puesta a disposición de manera exponencial.

No hay soluciones mágicas ni inmediatas ante problemas excepcionalmente complejos, sólo hay caminos decididos y pacientes que, tramo a tramo, pueden deshacer los efectos de las mentiras, la ilegalidad y la ausencia de legitimidad. Deshacer este mal revestido de huevo hilado es una empresa iniciada y que merece la pena. Como dijo Sir Francis Bacon, «lo malo, cuando se finge bueno, es pésimo».

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