Huelga feminista

Se trata de una huelga diferente que nace de lo invisible, de la base social para que salga a la luz que las mujeres no hemos hecho más que trabajar en casa y fuera de ella, gratis siempre y asalariadas a veces. Pedimos ser iguales, ni más ni menos

En este 8 de marzo, las movilizaciones y la huelga están convocadas en más de 150 países por una sociedad más justa e igualitaria. Este es uno solo de los datos que la convierten en única.

Es una huelga nueva, feminista, distinta, inédita al grito de vivas, libres, unidas por la igualdad con dignidad y sin miedo. Así, Comisiones Obreras hace un llamamiento a secundar los paros convocados por y para todas aquellas mujeres que puedan, y también para las que no. No es una huelga al uso, no sólo afecta a las oficinas, a las fábricas o a las empresas, sino que se conforma como una llamada contra cualquier violencia que sufren las mujeres por ser mujeres. Por eso recorre de forma transversal la espina dorsal de la sociedad y alcanza el trabajo remunerado y también el que se hace en casa, o en la de otros, y de esta forma se convierte también en huelga de cuidados, una huelga del trabajo doméstico, del soporte emocional. El trabajo doméstico y de cuidados que hacemos las mujeres es imprescindible para el sostenimiento de la vida. Que mayoritariamente sea gratuito o sea precario y esté devaluado es una trampa. El sistema productivo se asienta paradójicamente sobre la bolsa de cuidados, invisible, con salarios muy bajos o inexistentes y desempeñados por mujeres en un 90 por ciento Por eso colgamos los delantales en las ventanas, para hacer visible lo que no quieren ver.

Es una huelga laboral de hombres y mujeres que quieren poner sobre la mesa las desigualdades que sufren las mujeres, como la brecha salarial, que en Málaga alcanza hasta el 23 por ciento; denunciar la parcialidad y la temporalidad de sus contratos, que nos revela que de cada 10 contratadas, nueve lo fueron temporales y de ellas seis a tiempo parcial. Una situación que cuando acaba la vida laboral amplía la brecha en las pensiones y la coloca en el 31,5 por ciento.

Queremos leyes que supongan permisos parentales, intransferibles y obligatorios encaminados a la corresponsabilidad para que no nos veamos expulsadas del mercado laboral por el hecho de ser madres. En el empleo queremos abandonar la temporalidad, la parcialidad, la segregación, la precariedad, eliminar el techo de cristal y el suelo pegajoso, destruir la brecha salarial. Queremos leyes laborales justas, negociación y diálogo social con medidas positivas que vayan al origen de la discriminación laboral y aborden las desigualdades desde su origen. La maternidad, la conciliación que sustancialmente recae en nosotras y los cuidados necesitan de acciones positivas y de una normativa más equitativa que elimine uno de los principales motivos de la brecha entre hombres y mujeres.

Con esta movilización exigimos que se obligue a las empresas, a todas, y a las administraciones a llevar a cabo, negociar y cumplir planes de igualdad, y que estos no se queden en un propósito o una suma de buenas intenciones que ayudan a lavar la imagen de las compañías.

Queremos que los servicios públicos tengan como objetivo el Estado del bienestar, queremos que cuide y proteja y eduque para la igualdad, cumpliendo con su función de atender las necesidades básicas que son una cuestión social y no dejen caer esa responsabilidad sólo en nosotras; queremos que además construya igualdad desde las aulas y proteja a las mujeres que sufren violencia y prevenga con recursos para que no haya ni una más ni una menos; queremos que no ponga el acento en la víctima, sino en el agresor. Una huelga también por las que ya no están.

Desde el feminismo tenemos la convicción de que la educación es clave para esta transformación social en la medida en que la escuela y la universidad pueden y deben contribuir a la construcción de un nuevo orden político y social en el que mujeres y hombres tengamos los mismos derechos, obligaciones y las mismas oportunidades.

Esta es una huelga de denuncia social, porque somos el 52 por ciento de la población pero sólo ocupamos el 28 por ciento de cargos en las administraciones, el 20 por ciento de los consejos de las grandes empresas, sólo nos sentamos en el 11 por ciento de los sillones de las reales academias y en un 19 por ciento de las alcaldías de nuestros pueblos y ciudades.

Se trata de una huelga diferente que nace de lo invisible, de la base social para que salga a la luz que las mujeres no hemos hecho más que trabajar en casa y fuera de ella, gratis siempre y asalariadas a veces. Pedimos ser iguales, ni más ni menos que iguales.

Nos convocamos para cambiar el orden de las cosas. Una huelga de encuentro y de vida para transformar la sociedad, un cambio radical que empieza este 8 de marzo. Nos queremos todas y a todas con vida, sin miedo y con dignidad. Queremos una sociedad que no tenga a las mujeres como ciudadanas de segunda para hacer más rico al capital, queremos justicia social.

Motivos para parar este 8 marzo hay tantos como mujeres, porque el sistema nos sigue utilizando, como reproductoras, como mano de obra barata, como cuidadoras y como producto. Llenaremos las calles, vamos a parar el mundo para cambiarlo por otro que sea más solidario, más justo, equitativo y más igualitario. #VivasLibresUnidas por la Igualdad,

contra las violencias machistas, contra la brecha salarial, contra la precariedad del empleo.

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