El hooliganismo, una tendencia peligrosa

La tribuna

Es el deber de nuestra administración y nuestra policía controlar con la mano dura de la ley a estos desaprensivos como sus autoridades hacen en su país, con acuerdos en origen

JUAN CARLOS ROMERO SILVA / GEÓLOGO

Desde la perspectiva global que me da el haber residido en el Reino Unido e Irlanda, países por cierto muy diferentes entre sí, más aún si establecemos el símil comparativo con España, compartiendo vivencias, encuentros sociales y puntos de vista con los nativos de dichos países, asisto con incredulidad y estupor a lo que se vive en ciudades turísticas como Magaluf (Mallorca); la calle sitiada por los vándalos y borrachos hooligans destrozando terrazas y escaparates que muy poco aportan a la imagen del turismo en España y aún menos respeto a nuestro país y su ciudadanía, ante la pasividad de los gobiernos. Para entender que no compartir algunos de estos comportamientos, que evidentemente no son, el habitual de la generalidad de dicha ciudadanía extranjera, hay que residir en esos países de origen y socializar con los nativos, asimilando hábitos y costumbres en ambientes de clima frío y gris, y normas estrictas. Trabajé en la empresa inglesa de ingeniería, codo con codo con ingleses y nacionalidades heterogéneas; indios, pakistaníes, árabes, chinos, turcos, etc. comprendiendo no sin grandes esfuerzos, la mentalidad de los ingleses de los cuales admiré su capacidad de trabajo, talento y estrategias inversoras para expandirse por todo el mundo, el aprender a escuchar, y su extraordinario mimo por la imagen, marketing y la publicidad. En definitiva, un exquisito cuidado de su proyección y reputación exterior para alcanzar sus 'targets', más aún cuando tras aquella imagen impecable de seriedad y eficacia se ocultaban espinosos problemas de organización interna tan elementales como la falta de comunicación y la fría desconfianza entre compañeros. Día tras día, asistía a 'meetings', uno tras otro, tediosos encuentros interminables para alcanzar acuerdos, metas y resultados; comunicar, interaccionar y organizar los miembros de los equipos y motivar a los empleados. El concepto 'meeting' escondía una realidad social inglesa abrumadora y de gran calado; la escasa interacción social, el aislamiento individual por estrategias competitivas o recelosas, y la pobre comunicación entre compañeros, lo que en mi opinión conducía en los ambientes laborales a grandes dosis de stress e insatisfacción personal... Pronto asumí que un inglés nunca comprendería la mentalidad española, sí, España e Inglaterra dos pueblos diametralmente opuestos. Sin embargo, estas actitudes se desvanecían los fines de semana; un par de 'pints' (568 ml cerveceros), o mejor tres en el pub más próximo, conducía a una explosión de euforia, amistad fraternal, la rotura de barreras y en ocasiones el traspaso del respeto mutuo...

El alcoholismo en esos países insulares tiene su punto de encuentro en pubs y tabernas, centros neurálgicos de socialización de los colectivos. Este problema social alcanza actualmente todos los niveles familiares desde ancianos a adolescentes, una vez fuera de control, acompañado de una gran dosis de agresividad y violencia extrema que tiene una fuerte connotación psicológica. Recuerdo con asombro los fines de semana en la pequeña ciudad inglesa de Chesterfield, cuando una caravana de furgones policiales y fuerzas antidisturbios tomaban la calle a la hora del cierre de bares y pubs (12.00 noche). Peleas, gritos e insultos, pero allí estaba su policía, garante de la seguridad y la disciplina... Tampoco creo que se atrevieran a romper escaparates o destrozar terrazas, la ley y la contundente dureza policial inglesa se los impide.

No pretendo meter a todos los ingleses en el mismo saco o al 'hooliganismo' como una identidad inglesa, dios me libre, pero a mi juicio el ciudadano inglés medio asume un concepto confuso y distorsionado de España; el sentir de los españoles, la cultura y nuestra capacidad de trabajo. 'Spain' como ellos afirmaban jocosamente; «paella, siesta, fiesta, mañana-mañana, y la armada que nunca llegó», únicas palabras que los ingleses conocen del castellano... Poco podía imaginar nuestro escritor satírico costumbrista del XIX Mariano José de Larra, que su breve narrativa sobre la pereza española 'Vuelva usted mañana' -el mañana mañana- que ellos entonan peyorativamente, y que sufre un personaje francés tras la desesperante actitud de los españoles, iba a causar tanta mofa e ironía en nuestros históricos vecinos. El español, poco receloso a proyectar y cuidar la imagen positiva de nuestro país, como pueblo culto, trabajador y honesto a pesar de cierto sector de nuestra clase política actual, donde hay que cumplir las normas cívicas, potencia la confusión entre la ciudadanía extranjera que convierten el destino España, en un destino 'Free of law', donde se da rienda suelta a traumas e insatisfacciones personales y se pueden cometer las mil y una tropelías sin apenas castigo, ni seguridad... 'Spain is different' una república bananera, de comida fascinante, sol y alcohol infinito barato, siesta y non-stop fiesta... «Sorry I don`t speak spanish, Iam lazy», el absurdo argumento que solían esgrimir mis compañeros de trabajo cuando yo preguntaba por qué los ingleses -ciudadanos del mundo- no hablaban otras lenguas salvo el propio inglés... Señores gran parte de la culpa de este concepto tan abominable, destructivo de nuestra cultura y reputación, y de tal comportamiento incívico, lo tenemos nosotros, los españoles autocríticos sin límites de nuestro país, los que desprotegemos nuestra imagen y leyes, los protectores del 'hooliganismo'como tendencia rentable, y por ende nuestra administración, desde el control de fronteras en aeropuertos, las cadenas hoteleras deseosas de masas enfervorecidas, a la propia seguridad viaria que proyecta la policía. Exportamos un modelo poco cualificado de turismo de sol un 'low cost castigador', de frontera permeable con la recompensa del placer infinito, el descontrol, la poca seguridad y el gamberrismo extremo (llámese balconing, destrozos, disturbios con contenedores, etc...). Lo de Magaluf, ciudad sin ley, no es nuevo aquí en nuestra Costa del Sol, el 'hooliganismo' como tendencia es una forma de vida que lleva implantada años, un concepto colonial de nuestros tiempos, de espaldas a nuestra lengua y cultura, pero es el deber de nuestra administración y nuestra policía controlar con la mano dura de la ley a estos desaprensivos como sus autoridades hacen en su país, con acuerdos en origen, y les puedo asegurar que allí, se extralimitan lo mínimo, ya se encargarán sus férreos y disciplinados cuerpos de seguridad y la ley de ponerlos en su sitio.

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