Historias de adultos

SIN IR MÁS LEJOS

La pregunta sobre los gobiernos democráticos en selectividad incendió las redes y descolocó a la chavalería

José Vicente Astorga
JOSÉ VICENTE ASTORGA

Al escuchar a Pablo Iglesias en los días de selectividad extenderse sobre regeneracionistas y tramas corruptas que se remontan a Cánovas y Práxedes Amadeo Sagasta, muchos preveinteañeros estresados con los exámenes se habrán sorprendido al comprobar que este es un país tan extraño que incluso los difuntos barbudos de los manuales no se mueren del todo y agitan el temario desde la tumba Yencima, el atracón mediático de nostalgia democrática del 15-J de hace 40 años. Qué pesadilla de historia. El adulto que acompaña al examen al hijo o hija atribulado comete el error de poner la radio para evadirlo de la tensión y, zas, suena Iglesias. Agitar dudas camino de un examen no tiene perdón aunque él hiciera un guiño cómplice y algo cebolleta a la España joven recordando su paso por el precariado docente, pero queda en el aire un torrente erudito e interesado en el que el joven se siente víctima de un complot adulto donde los profesores le persiguen incluso por el altavoz del coche. Una pregunta sobre los gobiernos democráticos en selectividad incendió las redes y descolocó a la chavalería preuniversitaria tanto como a muchos de nosotros el relato de Iglesias sobre la peculiar genealogía corrupta de la derechona desde la restauración hasta Ignacio González. Todos nos vamos al rincón de pensar, agradecidos de que las guerras carlistas quedasen fuera. Cuando no se tienen los votos para cambiar la historia sólo se puede contarla, aunque sea con la memoria selectiva de los estudiantes pillos que dejan páginas del temario sin abrir. Iglesias se examinaba de futuro en la moción de censura, pero contestó con sobredosis de pasado. Es verdad que ha ayudado a subir la nota media de la Cámara. Ahora Rivera tendrá que leer másy Rajoy deberá abstenerse en lo sucesivo de sintagmas imposibles. Sabemos, sobre todo, que todos allí huyeron del presente y que el presidente sigue instalado en el suyo. El test a la política nacional sirvió para cosas así, pero no hizo vibrar más que a las taquígrafas del Congreso. El futuro más prometedor se reduce ahora a los 430 euros de la ministra Báñez porque la suerte de Podemos y PSOE es otra lección de historia repetida aunque todos nos la sepamos. La moción de censura superpuesta a la selectividad aleja por partida doble de la política a los más jóvenes, incluso a los interesados por la literatura, que alguna hubo. Una selecta minoría de jóvenes debió caer en la melancolía al comprobar que la poesía, tan devaluada como arma de futuro, llega a resultar de fogueo cuando un parlamentario carga a medias los versos de Machado. Los jóvenes se aburren de la historia que se cuenta por Twitter y sin épica, y hasta sienten una imposible envidia del cuéntame del 77. Les fastidia eso, pero sobre todo tener que repetir el examen en septiembre. Como va a hacer Iglesias; como hará Pedro, el repetidor que estudió por libre.

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