Hijos de la separación

Rafael J. Pérez
RAFAEL J. PÉREZMálaga

La actualidad coloca en el ojo del huracán un día sí y otro también a los hijos y las hijas de parejas separadas. Es aterrador comprobar cómo los niños de millares de parejas sufren las consecuencias devastadoras de una separación. Es cierto que hay rupturas que se salvan con cierto éxito en esta materia, pero también es verdad que otras separaciones colocan directamente a los niños como víctimas. El caso Bretón u otros de extrema violencia expresan el punto hasta dónde es capaz de llegar un ser humano. Avergüenza compartir una misma raza con quien hace algo que ni los animales son capaces de hacer con sus crías. Afortunadamente no todos los casos revisten la misma gravedad pero hay situaciones que claman al cielo porque prácticamente de manera imperceptible o con más o menos seriedad, destrozan la vida de los más pequeños.

El veneno de la mentira, la manipulación o el abuso de autoridad por parte del padre o de la madre hiere profundamente en lo más íntimo del ser al pequeño. El hijo o la hija, con triste frecuencia, es usado como rehén. Olvidaron quienes así actúan actualizar el cuarto mandamiento, sean o no creyentes, porque este mandamiento no hace daño a nadie. Todo lo contrario, mucho bien. El «honrarás a tu padre y a tu madre» del Decálogo bien podría actualizarse con el honrarás a tu hijo y a tu hija si te separaste. El imparable cortejo de vidas separadas que pueden llegar a destruir algo tan frágil como es la vida en la infancia, con consecuencias irreparables en no pocos casos en la edad adulta, descubre el lado más triste y oscuro de la naturaleza humana.

El egoísmo o insensibilidad de los progenitores, utilizado con cierta frecuencia como recurso para salvar situaciones que los colocan contra las cuerdas, hacen mucho daño. Quizá falte educación emocional y tomar conciencia que lo más sagrado y tierno como es un hijo o una hija debe ser custodiado como el bien más preciado. Ver sufrir a los hijos de la separación hace mal al alma. Víctimas de la violencia en el seno familiar es dolorosísimo sentirlos nerviosos, inquietos o agresivos; con necesidad de llamar continuamente la atención, tristes o huidizos. No podemos aceptar que se los maltrate, que se les impida el derecho a vivir su niñez con serenidad y alegría, entre juegos y sueños. Que se les niegue un futuro de esperanza.

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