Cita en el SUR

La hija de Belén Esteban

Una chirigota de Cádiz ridiculiza la cara de la hija de Belén Esteban

Pablo Aranda
PABLO ARANDAMálaga

Belén Esteban es una mujer que ha hecho de todo. Se ha casado con un torero, ha publicado un libro que ha vendido lo que no está escrito y tuvo una hija. Desde la pantalla ha estado presente en la merienda y la cena de media España, esta España nuestra. Después de la cena gritaba en algunas tertulias profundísimas y su cara se iba transformando. Es imposible no conocerla, como ocurre con Pablo Iglesias, Trump, Nadal, Chiquito, el alcalde de Málaga, la aristocracia 'monaquesa' con princesas con la boca de fresa, Messi, el Papa o Susana Díaz, gente mediática, famosa, que aparecen al cambiar de canal y al abrir la prensa y al mirar la inmensa pantalla del televisor del bar mientras el camarero nos pregunta si toda la leche caliente y dudamos y decimos bueno, toda no, eche un poco fría, pero sólo un pelín, ya. Y un vaso de agua. En Sevilla siempre traen un vaso de agua con el café y la cerveza la sirven helada y no hay que preguntar si está fría, como aquí, donde siempre nos dicen que sí y luego no tanto, pero estábamos hablando de otra cosa. De gente que conocemos y a lo mejor nos interesa y a lo mejor no, pero es imposible no conocerla igual que sabemos que en el segundo vive, sola, una señora mayor que algunas tardes sube, la pobre, y nos pide si podemos bajar un momento a abrirle la olla exprés, que ella no puede.

El torero con el que se casó Belén Esteban llenaba plazas y el público enfervecido le aplaudía y a veces le tiraba bragas, que por lo visto era un premio. El libro que publicó la convirtió en la que más firmaba en algunas ferias del libro. Y la hija. La hija debería ir así, con un punto y final detrás. La hija es sagrada porque los hijos y las hijas son sagrados. Cuando tenga veinticuatro años ya veremos y, con suerte, ya verá ella si quiere que ya veremos. Pero la hija de Belén Esteban no tiene culpa de sus circunstancias como nosotros no tenemos la culpa de las nuestras pero todavía menos, porque nosotros, aunque limitados, podemos apagar la tele, dejar de subir fotos de nuestros hijos a facebook o cambiar de equipo de fútbol. Una chirigota de Cádiz ha dedicado una copla graciosa a la hija. Por lo visto la hija es fea y en la copla se regodean en esa supuesta fealdad y la gente se ríe mucho de alguien cuyo único desmérito es ser presuntamente fea. Sevilla me pilla a trasmano normalmente para pedir una cerveza y que me la sirvan bien, pero viajar al interior de la hija no es tan complicado. Imagínensela sola en su cuarto, introduciendo en el teléfono el pin y entonces pon: las risas de los otros y ella abriendo una aplicación del móvil que es un espejo y mirándose y tratando de ver lo que ven los otros cuando la miran y preguntándose por qué. Es para mondarse de risa.

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