¡Va por ti, hermano!

Seguro que algún día la ciencia dará más esperanzas frente al cáncer

PEDRO MORENO BRENES

Si uno llega a una cierta edad sin un mal encuentro con estas células despendoladas se puede dar de cantos en los dientes. Lo habitual, por desgracia, es que en tu familia, entre tus amigos, a alguien le haya tocado esa maldita lotería en la que el boleto no se compra, sino que te lo endosa la adversidad. Un mal día un dolor raro, una mancha sospechosa o un bultito que duele; no se le echa cuenta, eso pasa, pero no a ti, no a los tuyos. Un recorrido que se inicia y que no se sabe cómo podrá acabar, un primer informe donde aparecen las palabras carcinoma, tumor; o cáncer. Si las paredes de las consultas hablaran, serían testimonio crudo de millones de preguntas angustiadas: ¿Hay solución?, ¿es maligno?, ¿quimio o cirugía? Se busca una palabra de aliento, un tratamiento experimental, algo a lo que agarrarse. Las respuestas son tantas como personas, cada una tiene sus tiempos, un túnel que hay que pasar lo mejor posible.

La lucha contra las malditas 'despendoladas' es, en primera línea, cosa de los que tienen ciencia en estos menesteres, los que investigan y los que en la brecha de las consultas plantan cara a la enfermedad. Pero los que han sufrido en su entorno el zarpazo del cáncer saben que el apoyo y el cariño son un medicamento no sometido a patente pero de eficacia universal. Si has pasado muchas horas acompañando a quien quieres en la espera previa a una 'quimio', terminas convirtiendo esas salas de espera en un lugar donde una buena noticia de un 'vecino' de banco era una alegría, pero también donde sentíamos de corazón las ausencias, sabíamos que esa vez el cáncer había ganado.

Hace unos días se celebraba el día del cáncer de mama, una de las modalidades de este mal generalizado. Todo recordatorio es bueno para que tomemos conciencia; hay algunas embestidas del cáncer sin remedio ahora, aunque es seguro que algún día la ciencia, si se la apoya como es debido, podrá dar más esperanzas. 12 años hará pronto y la rabia me quemaba ante un hermano que se iba; Manolo solo se quejó, muy levemente, de la mala suerte que le había tocado, y que con tanto tratamiento no podía conducir su coche nuevo. Sabía mejor que nadie lo que tenía pero era bueno hasta en eso; no permitía en su presencia lloriqueos ni nada que no terminara en chistes y en risas. Hasta el último día.

¡Va por ti, hermano!

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