Heredia is going

Heredia se ha mantenido en medio del cuadrilátero, limpio de tongos

Antonio Soler
ANTONIO SOLER

Llegó en 2008 como recambio generacional. El casi joven Heredia era aparato puro. Frente a él tuvo a la gran esperanza blanca, Fernando Arcas. Algo más veterano pero también más incontaminado del seminario socialista. Los críticos se agruparon en torno al historiador sereno, antítesis de la política-opereta, lo cual no quiere decir que algunos de los que fueron con él no pertenecieran a esa vertiente política y que, para demostrarlo, en un abrir y cerrar de ojos mudaron su derrota en alto cargo o incluso en consejería. Pura supervivencia. Demasiado náufrago agarrándose a la balsa de la Medusa. Dicen que los de esa balsa se comían unos a otros. El duro trabajo de sobrevivir.

Heredia no ha practicado la antropofagia. Todo lo ha comido usando cuchillo y tenedor. Algunos cadáveres, sí, han sido indispensables, y entre él y su inseparable Conejo han tenido que dar cuenta de ellos, pero previa vuelta y vuelta. Nada de sangre. Miguel Ángel Heredia ha practicado una especie de florentinismo mollinesco. En su defensa hay que decir que no le han tocado tiempos fáciles. Todo lo contrario. 2008 quedará marcado como nuestro particular Crack. Penurias, ruinas y como resultado nuevos partidos políticos que por la derecha y la izquierda le han disputado el terreno a un PSOE sonado después de los derechazos encajados por un alucinado Zapatero que, en sus traspié por el ring, aseguraba ver brotes verdes allí donde sólo había tierra quemada.

Chaparrones que Heredia tuvo que soportar bajo un débil paraguas provincial. Como virtud, dicen que el ya casi saliente secretario general ha conseguido que el PSOE de Málaga gane peso dentro del socialismo andaluz. Un dato cierto, concreto, pero que sólo remite a la cuestión endogámica, a ese ensimismamiento que ha padecido el partido en la última década y que lo ha alejado de la temperatura de la calle. Demasiado aire acondicionado, porque ¿de qué ha valido ese mayor peso dentro del partido si la ciudadanía le ha ido restando apoyo casi de modo matemáticamente progresivo? Ese peso no ha sido músculo, sino grasa tocinera. El Ayuntamiento de la capital sirve de testigo. Bagaje de Heredia: nueve combates electorales, seis derrotas. Y de las tres victorias, dos en elecciones europeas, el equivalente a pelear con alguien de categoría inferior. Para un boxeador sería un historial casi ruinoso, de los que te condenan al tongo o al penoso papel de sparring. Heredia, sin embargo, se ha mantenido en medio del cuadrilátero -otro dato, y no pequeño a su favor en unos tiempos donde la basura tiene alas-, limpio de tongos. Su ocaso en la primera línea viene por otro lado. Demasiado desgaste. Demasiada exposición al sol cuando fue el enviado de Susana en la corte de un Sánchez primero querido, luego odiado, después enterrado y más tarde resucitado y vengativo. Heredia no le dedicó palabras hermosas a la dama Margarita. Aquel brillo fugaz que lo iluminó cuando Sánchez estaba bajo tierra no provenía del sol, sino del acero de una navaja.

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