Hartos del proceso

Voltaje

El sentimiento más generalizado respecto al proceso catalán es el hartazgo

Txema Martín
TXEMA MARTÍN

Hoy no estaba en mis planes escribir sobre Cataluña porque estoy harto de ella. No de ella en general, sino de su proceso, y creo que este sentimiento de empacho es común a otras personas porque muchos lo comentan, lo cansados que están ya de este tema. Supongo que es normal que resulte agotador este machaque diario, y cada vez va a peor, de una situación que se les ha ido de las manos, y de qué manera. Este masivo troleo de la realidad ha irrumpido en nuestro espacio doméstico; para cualquier ciudadano informado está resultando imposible quedar a salvo de su influencia. De ahí que estemos hartos. En los medios ya salen psicólogos dando consejos a la población para que el tema no nos afecte tanto. Por supuesto que hay gente a la que le encanta la polémica y disfruta mucho en un estado perpetuo de indignación que están todo el rato hablando de lo mismo y dedican sus sábados por la noche a ver tertulias políticas, a indignarse en su tiempo libre. Lo hay pero no nos engañemos: la mayoría de la gente está harta. También en Cataluña, prueba de ello es el aumento de lexatines y orfidales en las farmacias de Barcelona, sumado al número de bajas laborales, bien por depresión o por manifestación, típico en todas las revueltas. En el fondo está todo el mundo harto.

Por eso yo no quería escribir sobre Cataluña. Tampoco quería escribir sobre lo que no quería escribir, no sé si me explico, pero todo esto al final no ha sido posible porque lo que pasó ayer fue de traca. Es imposible no hablar de ello. El miércoles por la mañana Puigdemont iba a comparecer en el Senado, mira qué bien, incluso con un cara a cara con Rajoy. Luego por la tarde ya no. Ayer por la mañana, el señorito iba a dar una rueda de prensa histórica a las 13.30. Después la retrasó a las 14.30. Un minuto antes canceló la convocatoria. La nota de prensa remitía al Parlamento, donde quien dice adorar el diálogo ni siquiera tendría turno de palabra. Entenderán que todo esto resulta muy molesto para el periodismo. Para los profesionales de la radio, la televisión o la prensa escrita este señor es un incordio. Cuando estaba anocheciendo todavía duraban las extensiones de los programas matinales. A los tertulianos se les veía con mala cara, aburridos. Los columnistas y editorialistas ya no sabían qué opinar. Y también es verdad que hay otros temas, pero es que uno pone la radio, enciende la tele, ojea las páginas de los periódicos y ahí está el asunto, acechándote. Que si esto podría ser lo más parecido al 23-F que ha vivido mi generación, supongo que por lo cutre, cómo no íbamos a hablar de ello. Los publicistas descubrieron que poniendo en una película un fotograma por segundo con una imagen de un refresco los espectadores lo pedían más. Espero que este viernes no vayamos a la barra a pedir un Proceso - Cola. Ya hemos tenido suficiente.

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