Se hará lo que se pueda

Las inundaciones son un mal que nos amenaza, que está y se le espera

PEDRO MORENO BRENES

Es un mal que nos amenaza, y que, a diferencia de Armada en Zarzuela el 23-F, está y se le espera. Sobre las causas y los remedios de las inundaciones en Málaga mucho está escrito por personas doctas en la materia. Sin desmerecer a los demás, quiero destacar entre los estudiosos a unos compañeros del departamento de Geografía de la Universidad de Málaga; hace poco publicaron un trabajo divulgativo donde proponen, frente a las recurrentes inundaciones en Málaga, planes de ordenación del territorio basados en criterios de sostenibilidad ambiental (con especial atención a las zonas inundables), más cubierta vegetal, actuaciones hidráulicas en redes de drenaje o incrementar la capacidad de la evacuación de avenidas en zonas urbanas, que en román paladino significa mejorar las precarias infraestructuras de alcantarillado. Como de forma muy gráfica señala el profesor Ferre: «Hay que adaptarse al medio, no que el medio se adapte a nosotros».

Y si conviene atender argumentos bien fundados, a los responsables públicos hay que pedirles que no pongan piedras en el camino, y menos masas de ladrillos. Coincidiendo con la manta de agua del pasado diciembre en Málaga, el consejo de ministros aprueba el Real Decreto 638/2016, de 9 de diciembre, por el que se modifica el Reglamento del Dominio Público Hidráulico. Como el BOE no es un best seller precisamente, al ser un servidor miembro de la cofradía que tiene como parte de su oficio la lectura de tan sesudas páginas, les hago partícipes que si alguna vez se han preguntado si es legal construir en zona inundable, la respuesta es que, tras la reforma señalada, no quedan dudas: si. El nuevo artículo 9 ter del Reglamento del Dominio Público hidráulico (de enigmático título: Obras y construcciones en la zona de flujo preferente en suelos en situación básica de suelo urbanizado) establece límites muy flojitos al imprudente proceder de la construcción en suelo urbanizado cuando afecta a las zonas inundables: anotación en el registro de la Propiedad (un consuelo, ¡estaban avisados!), prohibiciones respecto a actividades singulares o vulnerables, y para colmo, una especie de tautología 'justificativa', permitiendo algo que lleva inevitablemente a lo que se dice que se quiere evitar, y así la norma permite construcciones que no representen un aumento de la vulnerabilidad de la seguridad de las personas o bienes frente a las avenidas y que no incrementen de manera significativa la inundabilidad del entorno inmediato. En fin, cuando la pasta manda, se pueden hacer virguerías normativas.

A pesar de lo anterior, las normas autonómicas y el planeamiento de los municipios pueden poner cordura en todo esto. Algo así como la famosa respuesta del torero Juan Belmonte a Valle-Inclán: «-Ahora, Juan, ya sólo te queda morir en la plaza. -Se hará lo que se pueda, don Ramón, se hará lo que se pueda». Hagamos lo que se pueda para no ahogarnos.

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