Halloween/Puigdemont

Golpe de dados

Alfredo Taján
ALFREDO TAJÁN

El martes hablamos del conflicto catalán en La Térmica. Patrícia Soley-Beltran, Ignacio Martínez de Pisón y Antonio Soler, moderados por el que suscribe, abordamos este espinoso tema -lo hicieron con mesura y clarividencia-, en un ciclo titulado 'El mundo en llamas' que desde febrero viene recibiendo a especialistas en buscar las raíces y puntas de las crisis que nos embargan. Por este ciclo han pasado Carlos Malamud, Elvira Roca, Gómez de Liaño y Justo Navarro; está bien el listón conseguido si a este su unen los invitados de anoche. La conversación se desarrolló con inteligentes cautelas a la hora de analizar el asunto catalán cuyos acontecimientos marchan a la velocidad de la luz, las noticias se transforman segundo tras segundo, sin apenas darnos un respiro. Ayer, entono el 'mea culpa', tuve dos o tres salidas de tono que confieso no buscaron avivar el incendio, que para eso tenemos especialistas a lo largo y ancho de la tierra, sino expresar mi indignación por el esperpéntico papel que está jugando el Pdcat -antigua CIU-, y su cabeza ¿pensante? Puigdemont, expresidente de la Generalitat, prófugo de la justicia española y refugiado en Bélgica, cuna de la Comunidad Económica Europea, un país, por otra parte, que ha sido responsable de las páginas del peor colonialismo -véase las atrocidades cometidas en el Congo por su propietario el rey belga Leopoldo II-, e incluso en su propio devenir como nación -la acusación de colaboracionista nazi a otro de sus monarcas, Leopoldo III; por lo tanto, Bélgica puede dar escasas lecciones de democracia, pero esto es otro cantar, y no precisamente el del Mío Cid. Lo que no me extraña nada es que Puigdemont busque refugio en una tierra en la que además late un antiguo enfrentamiento, suturado con dificultad, entre flamencos y valones, sin contar con un tercero en discordia: la comunidad pro alemana de Lieja. Aseguran que Puigdemont busca internacionalizar la crisis que ha provocado. Esto tampoco debe sorprendernos ya que el comportamiento histórico de la derecha nacionalista catalana viene siendo turbio y sibilino desde hace más de ciento cincuenta años. Entenderán que no me refiera únicamente al latrocinio diferido del pujolismo durante la Transición, sino de su posición influyente como clase socio-política ya en época de Isabel II, que continuó durante la Restauración (1876-1931), pactando ministros con Madrid a cambio de ventajas económicas y títulos nobiliarios, e incluso exigiendo, en ocasiones, que se aplastara con más eficacia las huelgas y revoluciones que se sucedían en Barcelona en la primera mitad del siglo XX. La máxima expresión de esta política se encuentra, primero, en Francesc Cambó -gran coleccionista de arte, todo hay que decirlo--, y después en el estraperlista radical Alejandro Lerroux, varias veces primer ministro en el republicano Bienio Negro de la CEDA. Les recuerdo que ambos políticos terminaron apoyando la Cruzada de Franco en la Guerra Civil. Esto explica los posteriores apoyos financieros que Cataluya recibió del Generalísimo en una peculiar noche de Halloween que duró cuarenta años.

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