La rotonda

¡Qué hallazgo!

José Miguel Aguilar
JOSÉ MIGUEL AGUILAR

Ayer nos despertamos con una de esas noticias que hacen que te pares de golpe y reflexiones. Te hace pensar un rato grande además, dada su trascendencia y la cercanía del acontecimiento. Inesperado a todas luces para los profanos en la materia. Resulta que nuestra provincia recala en el mapa de la historia con mayúsculas gracias al trabajo ímprobo de un grupo de investigadores de talla mundial. En su día ya nos enseñaron las maravillas que encerraba la Cueva de la Pileta, un foco de atracción mundial desconocido para muchos y que recomiendo visitar de forma enfervorecida. Merece la pena indagar en tiempos tan remotos a través de recovecos impresionantes. Es uno de los misterios que la naturaleza nos regala en forma de grutas, pinturas antiquísimas y estalactitas y estalagmitas que la naturaleza ha dibujado en el interior de la sierra entre Benaoján y Cortes de la Frontera, en el límite con la provincia de Cádiz. Ayer casualmente conocimos que la localidad serrana que ostenta su origen va a crear un centro de interpretación de la Prehistoria, ya que también alberga la Cueva Hundidero-Gato, cuya entrada es por Montejaque tres kilómetros más arriba.

Ahora se ha descubierto un importante hallazgo, hecho ayer público, en la cueva de Ardales que revoluciona muchos conceptos y adelanta el origen Neanderthal del arte rupestre en la península. Unas páginas más adelante, Fernando Torres esboza la teoría científica dada a conocer en Cádiz y publicada en la prestigiosa revista 'Science', en la que una nueva técnica a base de uranio-torio ha datado las pinturas rupestres que se encuentran en la cueva 20.000 años antes de lo que los historiadores pensaban. El primer lienzo de la humanidad, escribe el compañero en la sección de Cultura, sobre el hallazgo en Ardales y en las cuevas de Maltravieso (Cáceres) y La Pasiega (Puente Viesgo, Cantabria).

Nuestros abuelos dirían, al escuchar la noticia, que no hay oculto nada bajo el sol (no somos nadie, diría otro con gracia), pero me sigue asombrando la capacidad del ser humano de querer averiguarlo todo de nuestros antepasados, una cualidad innata de los arqueólogos, que interpretan las civilizaciones a través de descubrimientos de obras, utensilios o documentos que el paso del tiempo no ha podido destruir. Que podamos apreciar las inquietudes artísticas que nuestros antepasados tenían hace 65.000 mil años es ciertamente admirable.

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