El extranjero

Hada Villalobos

Antonio Soler
ANTONIO SOLER

No sabe uno si escribir Hada Villalobos o Ada Villalobos en recuerdo y homenaje a 'Ada y el ardor', porque Celia Villalobos es el ardor político, la hoguera donde arden los muebles viejos del PP y las dudas metafísicas sobre la disciplina de voto, entre otras cosas inflamables. Celia Villalobos anda suelta, siempre ha andado suelta pero ahora, ante un Partido Popular retraído y rumiante, la voz y la presencia de Villalobos se hace más sonora en los platós de televisión. No es amiga de trabas y sujeciones, y cuando no la delatan las palabras lo hace el gesto. Su lengua es la más rápida a este lado del Mississippi, y si su bala no da en la diana al menos tiene la seguridad de que siempre deja escaldado a alguien.

Esta semana ha entrado de refilón -del refilón que admite su personalidad, que entiende mucho de líneas rectas y poco de tangenciales-, ha entrado, decimos, en las cavilaciones de Francisco de la Torre y su posible candidatura a la alcaldía. No quería hablar Celia, pero, aún no queriendo hablar, habló. No quiere ella que por cuestiones personales su partido pierda el gobierno municipal, algo que, reconoció, le costó tanto a ella, y a algunos otros, conquistar. Si aquí decíamos hace unos días que De la Torre está poseído por el espíritu shakesperiano del ser o no ser candidato, sus cuitas y devaneos por las almenas de su Elsinor particular encienden la sangre de Villalobos, que ni entiende de calaveras ni aprueba el manoseo. O se es o no se es. Punto.

Celia es mucho más partidaria de Lope que de Shakespeare. Espectros y fantasmas, los precisos. Política de yunque y martillo. Aquella muchacha roja o semirroja del Camino de Antequera a la que tanto le gustaba que le hicieran la pregunta '¿Qué hace una chica como tú en un partido como éste?' no heredó de aquel supuesto coqueteo con las enaguas del comunismo el apego al dogma ni la sumisión doctrinal. El melindre reflexivo de De la Torre está en sus antípodas y así lo ha dejado ver en el trampantojo de su silencio y su no querer hablar hablando. No es amiga de la tutela una vez que deja el sillón, al menos eso asegura, pero su ardorosa defensa de la conquista de las murallas malagueñas por parte del PP no deja de ser el mensaje de un hada madrina con cota de mallas. Lo que tanto nos costó conseguir, ahora perdido por el cabeza loca de De la Torre. Sesos fritos a base de pensar. Además, como no puede ser de otro modo, el mensaje de Villalobos encierra el lógico argumento excluyente. El bien de los malagueños depende únicamente del benéfico Partido Popular. La exclusividad de la bondad. Ignorando que sin los cimientos de Pedro Aparicio nada de la Málaga actual sería posible. Son cosas del ardor guerrero, de esa espada que, mellada o recién salida de la piedra de afilar, siempre busca carne de moro o cristiano que trinchar.

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