Hablemos del Antropoceno

La tribuna

La Academia Malagueña de Ciencias es muy consciente del papel de las actividades humanas sobre la naturaleza y sus procesos, de los efectos negativos de la introducción de elementos químicos nocivos en el sistema océanos-atmósfera-clima

Antropoceno es el nombre que recibe el tiempo geológico actual y que en el propio nombre refleja los poderosos efectos y huellas, por muy visibles y permanentes, de las sociedades humanas sobre el planeta. Antropoceno (del término griego 'ánthropos', hombre, ser humano) es un término acuñado por el holandes de origen polaco y germano Paul J. Crutzen, que recibió el Premio Nobel de Química en 1995, cuando trabajaba en el Max-Plank Institute. Es por tanto la idea del Antropoceno un producto de las ricas interacciones entre ideas y expertos de los diferentes países y culturas europeas, una propuesta del pensamiento científico de Europa, entendida ésta como una rica y continua mezcla de culturas y de ideas. Él mismo en su discurso de entrega del Nobel resalta que «de ambos padres heredé una visión cosmopolita del mundo». El término Antropoceno se acuñó para referirse al período de tiempo geológico más reciente, directamente ligado a la acción del hombre y que se evidencia en cambios geológicos, hidrológicos y en la biosfera. El Antropoceno se distingue como un nuevo periodo dentro del Holoceno, la época actual, que comenzó hace aproximadamente 10.000 años con el final del último período glacial. Se sitúa el comienzo del Antropoceno alrededor del año 1800, con el inicio de la industrialización, cuya característica central fue la enorme expansión del uso de combustibles fósiles, aún hoy uno de los principales motores de las sociedades humanas. El Dr. Crutzen explicaba que inventó el término en el calor de una discusión en la que alguien mencionó el Holoceno como el largo periodo de clima relativamente estable que siguió a la última era glaciar, a lo que él reaccionó tras pensar en los grandes cambios que se habían producido (había trabajado profundamente sobre la química del ozono estratosférico), por lo que animado por el debate replicó «no, estamos en el Antropoceno». Todos se quedaron callados pero parece que el tiempo ha consolidado el uso de la palabra. Las actividades humanas están cambiando los sistemas fundamentales, produciendo un conjunto de problemas que nos acercan a la catástrofe y a una emergencia planetaria, a decir de los expertos. Decía en un artículo el Dr. Crutzen que la creciente influencia de la humanidad en el medio ambiente fue reconocida ya en 1873, cuando el geólogo italiano Antonio Stoppani habló sobre una «nueva fuerza telúrica que en poder y universalidad puede compararse con las fuerzas más grandes de la Tierra».

La Academia Malagueña de Ciencias es muy consciente del papel de las actividades humanas sobre la naturaleza y sus procesos, de los efectos negativos de la introducción de elementos químicos nocivos en el sistema océanos-atmósfera-clima, y de la necesidad de que los ciudadanos sean conscientes de que las catástrofes a medio y largo plazo que preconizan muchos científicos están acercándose a velocidad muy superior a la prevista inicialmente. Y conscientes de que sólo desde el conocimiento y la conciencia del problema podremos ir adoptando soluciones personales y en la comunidad que reduzcan al máximo la huella humana en la Tierra, hemos organizado en Málaga, en colaboración con Cajamar, la Jornada Bienvenidos al Antropoceno, que constará de dos conferencias y un coloquio hoy día 26 de octubre en la Sala Cajamar de la Alameda Principal.

La primera conferencia la impartirá el biólogo Dr. Luis Valdés, un destacado investigador del Instituto Español de Oceanografía que ha sido responsable jefe en la Unesco de la Sección de Ciencias Oceánicas de la Comisión Oceanográfica Intergubernamental en París desde 2009 hasta 2015, y versará sobre 'El Antropoceno: La gran aceleración, el límite de los recursos del planeta y otras líneas rojas'. En segundo lugar, el profesor Manuel Arias, de la Universidad de Málaga, reconocido experto sobre el Antropoceno que ha sido investigador visitante en las universidades de Keele, Oxford y Siena y cuyo trabajo académico gira en torno a la dimensión política y filosófica del medio ambiente, la teoría de la democracia, el liberalismo político, los efectos sociopolíticos de la digitalización y el giro afectivo en las ciencias sociales, impartitá la conferencia 'Criaturas terrenales: la humanidad en el Antropoceno'. Tras ambas conferencias se abrirá un coloquio con el público.

Hablar del Antropoceno y hacerlo con los ciudadanos como lo hacemos es una actividad que va más allá de la pura coyuntura o la agenda de la Academia Malagueña de Ciencias. Queremos dar información para crear opinión y así tener mayor capacidad de reacción. La ciudad forma parte del sistema Tierra, aunque sea un punto apenas perceptible en nuestro planeta, pero todas nuestras actividades que conllevan el uso del medio natural, del agua, el aire o la tierra y de sus productos y derivados, aunque esos productos tengan origen en los puntos más alejados del planeta, todo aquello que hacemos, bien o mal, en nuestro entorno acabará sumándose a los efectos que se originan en otras comunidades y del conjunto de las sociedades humanas. La gota se une a la gota y puede originar catástrofes e inundaciones, pero también regar nuestros huertos y jardines, quitarnos la sed. Mirar nuestro planeta desde Málaga como la casa que debemos cuidar entre todos para legarla a las próximas generaciones, sin esperar que sean los poderes públicos ni otros quienes busquen las soluciones que cada uno puede aplicar para reducir nuestra huella en la Tierra. A menos que ocurra una catástrofe planetaria, los seres humanos van a continuar siendo la mayor fuerza de cambio en la naturaleza por siglos; Paul J. Creutzer, investigando la atmósfera, pero viendo también los problemas que sobre la estratosfera y la capa de ozono estaba produciendo la aviación, un supuesto gran avance del transporte, dejó dicho a comienzo de los años 70 que las actividades humanas podrían competir e interferir con los procesos naturales. Tengamos pues en cuenta el valor de nuestras decisiones para que el planeta Tierra sea sostenible.

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