Hablar en plateado

FELIPE BENÍTEZ REYES

Siempre se ha dicho que viajar ensancha la mente, aviva nuestros sentidos y nos otorga conocimientos fortuitos del mundo y de la vida. Sin duda. Ayer mismo, viajaba yo en tren y pude comprobarlo. Quiso el azar colocarme en el asiento contiguo al de un caballero que, antes incluso de que pusiéramos rumbo a nuestro destino, de amanecida aún, ya estaba amortizando su tarifa plana. Decía Chesterton que oír hablar a alguien por teléfono hace que te sientas como si te faltase la mitad de cerebro, aunque por fortuna no fue el caso, ya que mi vecino tuvo la amabilidad de repetir cuanto le decía su interlocutor, sin duda para evitar malentendidos.

«Entonces me dices que lo suyo es retirar el material viejo y colocar uno nuevo. Pero ¿de qué material estamos hablando?», preguntó mi vecino casual de expedición. «Ajá. A ver si lo entiendo. ¿Un material plateado que se adhiere con calor de soplete?». La respuesta fue afirmativa. «¿Y eso da buen resultado?». La respuesta fue igualmente afirmativa: «Entonces me dices que da buen resultado y que es fácil de colocar». (El material. El plateado.) «¿Me aseguras que eso va a arreglar el problema?».

Una vez convencido del buen resultado y de la capacidad resolutoria del material plateado en cuestión, llamó a otra persona, sin duda porque de repente le asaltó una duda metódica, o quizá por el mero placer de universalizar el asunto: «Enrique, oye, mira, que me han dicho que hay un material plateado que es lo que mejor nos viene para eso. Por lo visto, se adhiere con calor de soplete. Infórmate y tomamos una decisión ya. Porque si me equivoco quiero que nos equivoquemos los dos, ¿me entiendes? Y si acierto, que acertemos los dos, ¿de acuerdo?». Aquello podía considerarse, en fin, un debate asambleario, así lo fuese modestamente a dos bandas. Casi un concilio, en fin, sobre el material plateado.

Colgó y volvió a marcar. «¿Manolo? Sí, mira, que me ha dicho tu tocayo, el de EMAGESA, que hay un material plateado...». Deduje que Manolo corroboró el informe favorable de su tocayo Manolo sobre el material plateado. «Entonces, ¿tú crees que esa puede ser la solución?». En cuanto dejó de hablar con Manolo II, recibió una llamada de Enrique, que ya había tenido tiempo de recabar información técnica sobre el material en cuestión. «Vale, pues si tú me dices que puede servir, por mí adelante». Adelante, pues, con el material plateado. Y prosiguió una ronda de consultas: «Oye, mira, me han recomendado un material plateado que...».

Al cabo de unos 200 kilómetros, el material plateado y yo éramos ya casi de la familia. Me levanté y dudé si refugiarme en la cafetería o saltar del tren en marcha. «¿Solo o con leche?», me preguntó el camarero. Y a punto estuve de decirle: «Plateado».

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