Sí, soy Guiomar

Guadalquiviria

Maria Dolores Tortosa
MARIA DOLORES TORTOSA

LA conexión andaluza en la reunión ayer de Pedro Sánchez con Quim Torra no fue nada relacionado con la financiación autonómica. Fue que el presidente llevara de paseo al catalán por los jardines de Moncloa hasta «el banco de piedra junto a la fuente» en la que Antonio Machado se veía a escondidas con su amor tardío y secreto Pilar de Valderrama, la que inspiró sus 'Canciones a Guiomar'. Torra había confesado a Sánchez su deseo de conocer el lugar en el que el poeta andaluz vivió sus días más felices antes de partir hacia el exilio y Collioure, donde murió de tristeza por las dos Españas. El presidente atendió su requerimiento dando a la expectante reunión un toque romántico. Un gesto con el que Torra parecía querer hacerse perdonar por los ataques incomprensibles de algunos de sus colegas secesionistas al autor de 'Campos de Castilla'. De esta forma, la historia de Machado y Guiomar se coló en la crónica política retrayendo una pasión imposible. El escritor nacido en Sevilla nunca contó en vida la pasión que le consumió cuando a sus 53 años conoció a Pilar de Valderrama. Tampoco la poetisa madrileña reveló nunca que era ella la destinataria de más de doscientas cartas encendidas de amor del poeta de 'Soledades' hasta después de morir. Entonces salió a la luz 'Sí, soy Guiomar', las memorias que desvelaban la relación oculta casi medio siglo.

No sé si habrá que esperar tanto para conocer el contenido exacto de la conversación de más de tres horas entre Sánchez y Torra. Una reunión que ha sido valorada por ambas partes como la que ha roto el hielo de dos años entre Cataluña y Madrid en el día más caluroso de este primaveral verano. Quizás sea bonito creerse que la pasión lejana de Machado haya servido para el deshielo, para la normalización de las relaciones y que este país vuelva a la tranquilidad. Pero no son estos tiempos tan ingenuos.

Andalucía, la más poblada y una de las más pobres, observa con preocupación como una de las más ricas inicia una relación bilateral que no se sabe a dónde conducirá. Si detrás del telón del referéndum y de la autodeterminación, en las bambalinas políticas, el Gobierno de Sánchez tiende la mano con algo más que buena voluntad entre los dedos. A cambio, ¿vendrá la limosna?

Lo sabrá Susana Díaz cuando vaya a Moncloa el próximo día 23. Ella debe saber cuál es la verdadera conexión andaluza: Dos ministras que son y ejercen de andaluzas: Carmen Calvo y María Jesús Montero. La primera tiene muy claro que no habrá concesiones de autodeterminación a Cataluña. La segunda trabaja, entre bambalinas, para que a Andalucía no le lleguen limosnas, sino lo máximo posible. Igual que a Cataluña. Díaz debe sobre todo apoyarse en ellas.

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