El día grande de las bombillas

En Navidad los malagueños nos convertimos en polillas mediante una particular metamorfosis

Txema Martín
TXEMA MARTÍN

Hoy vuelve a nuestras caras la Navidad, que cada vez se adelanta más hasta que un día se celebrará en el momento más insospechado. Esta es la gran noche en la que se encenderán las luces navideñas y la gente, la mayoría más ruidosa, saldrá a codearse consigo misma y admirar el viejo milagro de la luz eléctrica. La calle Larios reincidirá en su proceso de transformación en algo que no es una calle sino otra cosa mientras que a partir de esta noche tendremos que contar por cientos de miles a quienes acudirán a la llamada de la luz. Parece ser que durante la Navidad los malagueños nos convertimos en polillas mediante una particular metamorfosis, transformándonos al final en una masa uniforme y homogénea de la que nadie jamás sospechó formar parte.

Este año, para disimular la certeza de que la Navidad está despojada por completo de cualquier atisbo de connotación religiosa, el Ayuntamiento ha dado indicaciones a Iluminaciones Ximénez -el Apple de las bombillas- para que haga este año algo un poquito más religioso, que disimule la cosa con música consecuente y con unos supuestos elementos de la Catedral de Málaga. Falta proponer un premio a quien encuentre la menor similitud entre este brutalismo lumínico y nuestra Manquita. Hoy en día la electricidad se paga muy cara y por eso resulta tan admirable que planten esta impagable cantidad de bombillas dispuestas a dejarnos impresionados y a ponernos ciegos de tanto mirarla. El Ayuntamiento de Málaga utiliza la luz como instrumento de dominación pero no lo hace para que seamos mejores personas, sino para que gastemos más. Aunque parezca increíble, los comerciantes del centro han lanzado una campaña para que consumamos más en Navidad. Como suena. Solo pensarlo produce bochorno. Los tenderos no deben tener miedo porque esta Navidad será feliz y brutal ya que en esta ciudad, como leí en una ocasión, abusamos de todo lo que funciona hasta destrozarlo. Es verdad lo que dice nuestra concejala de 'parties' Teresa Porras cuando afirma que Málaga se ha convertido en un referente en lo que a luces de Navidad se refiere. Por supuesto que sí: ningún otro ayuntamiento de España ha sido tan bestia como para colocar semejante ejemplar de arquitectura efímera en la calle más emblemática de su centro, coronando además con altavoces para poner música más o menos navideña y llegar así al feliz momento en el que el Ayuntamiento de Málaga se multe a sí mismo por incumplir su propia normativa de ruido. «Oiga, es que a la gente le gusta». Pues claro que sí: hasta hace bien poco a la gente también le gustaba tirar cabras desde los campanarios para asombro de la comunidad internacional, si es que todavía queda alguien viviendo en la comunidad internacional. En realidad lo que pasa es que a Málaga, a nosotros, siempre nos ha gustado ser un poco excesivos y gastárnosla de exagerados. Para eso se hizo la luz.

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