La gran manipulación

Lalia González
LALIA GONZÁLEZ

A las muchas indignaciones que acumulo por el 'procés', una de las mayores se refiere a la manipulación de las imágenes y testimonios de las cargas policiales del 1-O y la sospecha de que fueron organizadas, al menos en parte, para dar la impresión de extraordinario abuso de las fuerzas de seguridad sobre el pueblo-desarmado-que-solo-quería-votar.

En la mañana del domingo, cuando ya habían empezado las cargas,que sin duda las hubo, Esquerra Republicana difundió por Twitter la consigna, así, sin complejos, para que todo el que hubiera recibido un golpe fuera a por un parte de lesiones, y la cifra de 'heridos' fue aumentando a ritmo vertiginoso.

Las redes sociales han sido un factor dinámico en este caos que horripila. Apareció como herida por las porras una anciana que había caído por una escalera en un colegio al que no había acudido la Policía y los medios más reputados se hicieron eco de que una mujer, concejal de ERC, aseguraba con las manos vendadas y llorosa, que los agentes le habían «roto los dedos uno a uno» y le habían «tocado las tetas mientras se reían». Días después, cuando todo había pasado, resulta que solo tenía una pequeña lesión. Ada Colau, la alcaldesa de Barcelona, se apresuró a denunciar agresiones sexuales de los agentes de seguridad.

Están también las fotos atribuidas a cargas policiales registradas otros años, en otros países, o porrazos de los mossos -que hasta el atentado de las Ramblas y el previo relevo de mandos por indepes eran el cuerpo más acusado de abusos de todo el país-memes y montajes, que en una mañana de miedo generalizado crearon una espiral que alimentó el discurso secesionista. Hasta el punto de que mucha gente que no había pensado ir a votar lo hizo al sentirse agredida; al día siguiente coparon las portadas de la prensa internacional, propició una suerte de 'huelga general' pagada, protestaron las calles y se acabó en el vergonzoso escrache y expulsión de hoteles de los policías y guardias civiles allí desplazados.

Frente a ello está el relato de una magistrada, en el digital El Español, que da cuenta de cómo los indepes habían colocado a niños y ancianos en cordones para proteger el acceso a los colegios y, por tanto, como escudos humanos para esgrimir las imágenes de la fuerza policial frente a ellos. El error del Ministerio del Interior, la falta de planificación, la incompetencia, merece rendir responsabilidades. Llevaron a sus hombres a ratoneras, no calcularon los riesgos y si les engañaron los mossos, aún peor.

Con todo ello se ha construido una gran mentira, una enorme bola de falsedades, pero que es útil a la causa del separatismo que es también la causa de la desvergüenza, del engaño y de la manipulación de la gente. Y para cuando se sepa la verdad, me temo, ya no servirá de nada.

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