Repaso semanal

LA GRAN LECCIÓN DE FITUR

Fitur ha sido esta semana la gran capital mundial del turismo. /Salvador Salas
Fitur ha sido esta semana la gran capital mundial del turismo. / Salvador Salas

Las ferias de turismo deben servir para tomar conciencia de la importancia del sector para no crear problemas donde no los hay

JAVIER RECIO

Las ferias de turismo deben servir básicamente para tomar conciencia de la importancia del sector. Más allá de los obligados contactos profesionales y el cierre de operaciones anuales, estas citas deben generar una reflexión sobre la necesidad de trabajar sin descanso para no perder el lugar privilegiado en el que actualmente se encuentra España (y en su debida proporción Andalucía y la Costa del Sol), que ha dado el salto y se ha convertido en la segunda potencia turística del mundo al acabar de sobrepasar a Estados Unidos. En Fitur se debe tener conciencia de que prácticamente todos los países del orbe quieren un trozo de esta tarta, que sin duda no dejará de crecer, porque afortunadamente se ha democratizado ir de turismo, que se ha convertido en una prioridad para las familias. En los países desarrollados no se ve ya como un lujo, sino prácticamente como una necesidad. Somos una potencia, no hay que tener complejos por ello y hay que apostar por desbancar a Francia, que ocupa el primer lugar del podio. Por eso, cuando se ve una visión global de lo que se cuece y el dinero que se mueve en este mundo, hay que tener mucho cuidado en no darse un tiro en el pie. Eso no quiere decir que no haya que ser críticos. Pero hay que hacer este ejercicio en las cuestiones que funcionan mal. No hay que caer en inventarse problemas donde no los hay y que pueden llegar a serlo a base de insistir en ello. Por ejemplo, en Málaga no tenemos un problema de turismofobia, por más que se empeñen algunos que sueñan con tener los efectos positivos del turismo, pero sin la molestias que puedan generar los turistas. Es imposible tener las calles con un número clausus de viandantes para poder ir cómodamente. La calle, que en principio se diseñó para que transitara la gente, por fortuna sigue siendo de todos, un bien que pueda ser utilizado por la humanidad. La libertad tiene estas cosas, pues cada turista va donde le da gana, que suele ser a los centros de las ciudades. Hay que hacer un ejercicio de empatía para no ver a los turistas como unos seres imbéciles, a los que se les puede tratar como un rebaño. Nadie que vaya a Madrid, por poner un ejemplo, se le ocurre irse a dar paseos por Vallecas, por mucho que el Ayuntamiento de Madrid quisiera vender las excelencias de ese barrio. La gente al final decide si quiere ir a un sitio con más o menos aperturas. ¿Qué se puede encontrar alguien que quiera subir a la torre Eiffel o dar un paseo por Times Square? Pensar que eso va a estar medio vacío para cuando a uno se le antoje ir es simplemente ridículo. El turista sabe lo que quiere cuando va a determinados sitios. Por eso no hay que distraerse con discusiones bizantinas. Lo que hay que procurar en el caso de la Costa del Sol es que las playas estén limpias, que la depuración no lleve más de cuarenta años de retraso. O que en los restaurantes el servicio sea de calidad y que no se tome en vano el nombre del pescaíto frito para colar verdaderas fritangas incomestibles. Hay que seguir mejorando las conexiones con la capital a través del ferrocarril. Este tipo de trabajos es lo que permitirá seguir en los puestos de cabeza. Si nos descuidamos puede ocurrir lo que está pasando en Barcelona, donde por culpa del follón que han montado los independentistas ha desaparecido ipso facto el debate sobre la masificación, porque por desgracia han dejado de ir a visitarla miles de personas. Hay que ser modestos y ver el turismo como lo que es. Un gran negocio, que en la provincia resulta vital, porque supone nada menos que el 25% del PIB. Ninguna tontería. Afortunadamente, cada vez hay más personas que lo advierten y se acercan al sector para abrazarlo. Mimarlo. Porque proporciona muchas alegrías contables. Esa es la gran lección que hay que tomar de encuentros como Fitur. ¡Qué siga la feria!

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