GRACIAS A LOS COFRADES...

Es de justicia reconocer la labor totalmente altruista que hacen miles de malagueños para conseguir poner las procesiones en la calle

Javier Recio
JAVIER RECIOMálaga

Vaya por delante que no pertenezco a ninguna cofradía, aunque eso no es un condicionante para creer que hay que estar muy agradecidos a los miles de malagueños que son cofrades. Más que nada porque la actividad que se genera en las 41 hermandades de la Agrupación de Cofradías lo que hace es traer cosas positivas para el conjunto de la sociedad. Es difícil encontrar algo negativo de la Semana Santa. Y todo porque hay 80.000 personas que dedican su tiempo y su esfuerzo a venerar unas imágenes, algo que en principio no hace daño a nadie, y a poner sus sagrados titulares en las calles. No hay ninguna actividad, ni siquiera la pasión que late en el fútbol, que movilice a tanta gente, como decía acertadamente hace unos días el presidente de la Agrupación, Pablo Atencia, que representa perfectamente la forma de ser de los cofrades, gente sencilla y que dedica su tiempo a los demás. Y de una manera altruista. Y además su trabajo puede ser disfrutado de manera totalmente gratuita por todo el mundo con independencia de su edad, sexo, nacionalidad e ideología. ¿Se puede pedir más? Pese a ello, las procesiones generan también un movimiento económico de 81 millones de euros y propicia que 15.000 personas encuentren un trabajo durante esta semana de procesiones, que si la lluvia no lo impide arranca hoy. Los hoteles de la capital rozarán el 100%. La verdad es que hay razones más que suficientes para tener fe en la Semana Santa desde un punto de vista estrictamente social y económico. Por eso no hay que echarse las manos a la cabeza si a la hora de diseñar urbanísticamente la ciudad se tiene en cuenta los desfiles procesionales o si desde el Ayuntamiento de Málaga se les proporciona un solar para que construyan sus respectivas casas de hermandad. Es mucho más lo que dan que lo que reciben, más que nada porque el 90% de los fondos que manejan las cofradías proceden de sus hermanos. Puede gustar más o menos, pero esta es la realidad. Es raro encontrar a un malagueño que no haya participado nunca en un cortejo procesional, bien de una manera directa bien por la cercanía de un familiar. La grandeza de la Semana Santa es que se puede participar en la misma de diferentes maneras. Y ese carácter abierto no debe perderse nunca. Por eso es importante que la juventud se acerque a la misma para asegurar la vigencia y supervivencia de las cofradías. Si hay algún pero que se le puede poner a estas hermandades es que a veces se ven demasiadas canas (en el mejor de los casos, porque también brillan muchas calvas) en los tronos. Mucha gente que se estrenó en los años ochenta, posiblemente la época en la que hubo mayor incorporación de jóvenes de la historia a las cofradías de Málaga, sigue sacando el trono, con lo que se cierra el paso a los más jóvenes. Sobre todo en las cofradías con más tirón. Sería necesario poner un tope de edad no demasiado alta o de número de salidas procesionales para que los nuevos cofrades vean como una probabilidad y no como una posibilidad su participación como hombre o mujer de trono. Después está el estilo. Aunque en aquella época citada anteriormente el malagueñismo se llevara a los extremos, lo que algunos calificaban como una Semana Santa demasiado 'folclórica', de la que no me avergüenzo en sentirme devoto con pulsos y militares por todos los lados, hay que respetar los nuevos gustos cofrades, que apuestan más por el recato y los pequeños detalles que para muchos engrandecen cada cortejo procesional. Nuevos tiempos, nuevos estilos. Lo que no debe cambiar nunca es el agradecimiento a estas personas que durante todo el año hacen posible este milagro de sacar los tronos a la calle. Desde el que mete el hombro, al que se encarga de las velas, de las túnicas, de las flores, a los miembros de las bandas de música, a los que visten a los titulares y a todos los que participan en estas hermandades por muy nimia que sea su labor. Por todo ello, gracias. Muchas gracias a los cofrades.

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