¿Golpe a plazos o paso atrás?

DIEGO CARCEDO

El conflicto catalán ha superado el día D tan esperado por los secesionistas y tan temido por los españolistas dejando en el ambiente aún más confusión política y popular de la que ya existía. Después de un amplio retraso de la anunciada sesión parlamentaria con que se pondría broche al 'procés' -un retraso anticipador de las discrepancias entre los partidos que propugnan la independencia- el presidente de la Generalitat consiguió con sus palabras no dejar satisfecho a nadie o afianzarse como el malo de la película ante todos. En su esperado discurso, Carles Puigdemont consiguió declarar la república catalana y suspenderla al mismo tiempo. No consta que nunca un Estado tuviese una vida más corta. En la calle, los aplausos enardecidos de los simpatizantes al escuchar la proclamación de la independencia cesaron en seco cuando inmediatamente se anunció su suspensión, aunque dejó entender que sería temporal. Los diputados de la CUP, el partido revolucionario que había respaldado con vehemencia el camino recorrido hasta el referéndum, enseguida expresaron su rechazo a la fórmula ambigua con que el President intenta salir del atolladero.

Lejos de reconocer todas las contraindicaciones y daños que implicaría la proclamación de la independencia, Puigdemont intentó disfrazar el fracaso de sus planes anunciando que su decisión abría un periodo para negociar a través de mediadores extranjeros. Realmente fue una mentira indirecta más entre tantas como los promotores del secesionismo han venido utilizando durante estos meses. Ocultó que negociar es cosa de dos y que ningún dirigente de un país o institución foránea, empezando por la UE, está dispuesto a hacerlo a inmiscuirse. Antes al contrario, todos han reiterado que se trata de un asunto interno de España.

Analizando el desarrollo de la sesión del Parlament no queda claro si se trata de consumar un golpe de Estado a plazos o realmente un paso atrás de unos dirigentes que se han pasado en sus estrategias anticonstitucionales e ilegales y, llegado al momento del desenlace, se encuentran acorralados; acorralados por la Justicia, rechazados por los que se consideran traicionados y divididos entre sí.

Con todo hay que añadir que el hecho de que la proclamación de la independencia se deje en una nebulosa y que se abra un paréntesis al diálogo y a la negociación, algo que unas horas antes parecía completamente imposible, abre un atisbo de esperanza. Habrá que aguardar la reacción del Gobierno, que ya ha anticipado mil veces que no negociará al margen de la ley y también la reacción en la calle. La Generalitat hace mucho que perdió los papeles y, después de esta nuevo espectáculo lamentable, Puigdemont y su Gobierno han quedado descalificados para ejercer el poder autonómico. Unas elecciones anticipadas será la salida que más pronto que tarde se pondrá en marcha.

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