GESTIÓN DE LOS TIEMPOS

JUAN IGNACIO SANZ / PROFESOR DE ESADE

Son muchas las voces que se han alzado tachando de precipitado el inicio, en el día de hoy, de la tramitación de los Presupuestos Generales del Estado (PGE) sin contar previamente con el apoyo parlamentario para su aprobación final. Frente a esa interpretación, esta apuesta por parte del Gobierno supone una gestión muy inteligente de los tiempos y las influencias ya que, con el horizonte político catalán fijado para el 22 de mayo -fecha límite para la configuración del Ejecutivo catalán-, en ese momento la aplicación del artículo 155 de la Constitución Española cesará, de acuerdo con el mandato del Senado, o continuará en vigor bajo un nuevo horizonte de convocatoria electoral, imputable a la incapacidad de consecución de pactos y no a la voluntad del Gobierno del Estado. Circunstancia que, lógicamente, será comprendida, sin lugar a error, por el Partido Nacionalista Vasco (PNV) a la hora de decidir su posición ante los nuevos presupuestos que no puede desvincular de las interesantes contraprestaciones del año anterior.

Más aún, en clave social, se pone el énfasis en determinadas partidas que empezaban a poner en riesgo la tranquilidad del Gobierno para lo que resta de legislatura, lo que se ha visto favorecido por dos variables que hasta ahora soplaban en contra. La primera, referida al control del déficit público, que nos vuelve a situar, al menos por ahora, dentro de los niveles de tolerancia fijados por las autoridades de la Unión Europea. A partir de ahora la Comisión Europea no nos mirará de frente, sino sólo de perfil, permitiendo ligeros incrementos del gasto social. Y la segunda, el incremento previsto en la recaudación tributaria que la lleva a 210.000 millones de euros en total, que nos retorna a los felices años anteriores a la crisis en materia de recaudación. En definitiva, hay gasolina para el motor y la autoridad nos reduce el control de velocidad.

Por otro lado, en clave netamente política, la necesidad del Gobierno de aprobar cuanto antes los Presupuestos es imperiosa. Si lo consigue, se asegura llegar al final de la legislatura con el recurso de una prórroga en el 2019 de los Presupuestos.

Sin olvidar, desde el punto de vista económico, que la economía española anda muy necesitada aún de inversiones productivas y generadoras de riqueza, más que de gasto, como ocurrió en años anteriores. Las inversiones requieren necesariamente el amparo de un nuevo marco presupuestario, sin que puedan vivir de los restos de un presupuesto prorrogado como el anterior. La cuestión es relevante a la hora de ejecución real de inversión productiva, pues estamos ante el último ejercicio, quizá el penúltimo, que se beneficie de una política monetaria con niveles mínimos de tasas de interés. A partir de entonces los problemas no sólo serán los gastos de índole social, sino también el coste financiero de la deuda pública en circulación. Con el riesgo, a la vista de los antecedentes, de dar prioridad a lo financiero sobre lo social.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos