La gente está aburrida

Las redes se convierten en una hoguera donde se queman personas o imágenes con crueldad

Txema Martín
TXEMA MARTÍN

Esta es una conclusión a la que es fácil llegar después de varios años de experiencia en la contemporaneidad. La gente está aburrida. El calor harta, la programación televisiva atraviesa lo pedestre, leer les agota y viajar, a tenor de lo que estamos viendo, no entra en las preferencias de mucha gente porque de otro modo quizá no estaríamos envueltos en esto. Hay una parte reducida pero ruidosa de las redes que se ha convertido en una hoguera donde se queman personas en plazas públicas virtuales. También se queman imágenes. Vamos a ver un par de ejemplos.

Ejemplo número uno: el CAC Málaga inaugura el 23 de junio una exposición con cincuenta obras del artista Santiago Ydáñez llamada, como aquel verso de Pérez Estrada, 'El corazón manda'. Una voluntaria de la Sociedad Protectora de Animales y Plantas acude al CAC, quizás por primera vez, y descubre horrorizada que algunos cuadros muestran imágenes de personas teniendo sexo con animales. La Protectora anuncia un escrito para exigir la retirada de esas obras, y de forma paralela se activa la maquinaria del odio. Se acusa al centro de publicitar la zoofilia. Llaman señoras por teléfono para llamarles pedófilos. A tenor de algunos comentarios, uno podría pensar que, después de los últimos acontecimientos, los trabajadores del CAC han decidido emprender una huida hacia el salvajismo como los nazis en la República de Vichy, en plan 120 días de Sodoma, pero sólo hablamos de cuatro cuadros. Hay obras de contenido más discutible no ya en la Historia del Arte, sino que se han expuesto en el propio CAC. Quizás no salían gatitos. Se confunde la exposición de una ficción con su propaganda. El CAC deja de ser el museo mejor valorado de España. Los censores ignoran que con su condena pública lo que en realidad consiguen es darle más publicidad a aquello que pretenden silenciar.

Ejemplo número dos: deporte nacional, los concursos de carteles. Torremolinos elige para la Feria de La Carihuela un cartel en el que aparecen sardinas vestidas de marineros y la imagen de la Virgen del Carmen al revés, aunque lo que está boca abajo no es la Virgen, sino su sombra. Representantes cofrades califican la imagen de «menosprecio y humillación» y piden su retirada. De forma paralela, su autora, Mónica Villar, de 24 años, recibe insultos en redes; no sólo se ponen en duda sus buenas intenciones, también se le acusa de practicar el satanismo.

Hay una parte de esta sociedad que no sólo está aburrida en su sensibilidad, sino que también se muestra cruel ante el sufrimiento ajeno. Todos tenemos derecho a sentirnos ofendidos por cualquier cosa la mayor parte del tiempo. La asociación puede y debe promulgar el respeto a animales y plantas indefensas. Tampoco será aquí donde nos metamos con los sentimientos religiosos de los demás. Pero, por lo menos, mostremos el mismo respeto que exigimos a los demás. Mantengamos las formas, también en épocas de aburrimiento.

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