La gaviota desprotegida

Alfredo Taján
ALFREDO TAJÁN

Hace más de tres semanas una cría de gaviota tuvo la mala suerte de quebrarse el ala izquierda y realizar un aterrizaje forzoso en calle Huéscar, al lado de donde vivo, al final de avenida de Andalucía, antes de cruzar el puente que nos une a la barriada de Carranque. Desde hace más de tres semanas la pequeña gaviota se desplaza, con un ala caída, entre ese hito industrial francés de los años veinte, convertido hace años en escultura al aire libre, la citada calle Huéscar, y un edificio revestido de mármol y coronado por una réplica de la Victoria de Samotracia, que yace, como la gaviota, abandonado a una suerte de amnesia urbana, un espacio que ha servido de refugio a indigentes, y ahora es utilizado como cloaca máxima de la desgraciada gaviota y de sus padres, y demás parentela, que han venido a acompañarla; hay que verla caminar con dificultad pero rodeada por sus hermanas pequeñas que hacen de escoltas y le traen comida. Es increíble comparar la solidaridad entre las especies y el lento declinar de la especie humana. Las dos gaviotas mayores vigilan las evoluciones terrestres de su cría que no puede alzar el vuelo, y cuando alguien, que no advierte la presencia de las aves, se acerca demasiado, es blanco de la furia de los padres que, apostados en terrazas adyacentes, se lanzan en picado sobre la cabeza del despistado peatón que recibe un toque cual 'remake' de 'Los pájaros' de Hitchcock. Yo mismo he sido advertido, en vuelo rasante, cuando me he arrimado demasiado, y una señora despistada que se adentró en la zona roja recibió un picotazo en la frente de no te menees.

La situación es patética. A la visión agónica de la gaviota, a su diaria decadencia, se une la impotencia de los padres, que por mucho airado picotazo que realicen no pueden evitar la lánguida muerte de su cría. Repito, la situación es patética aunque más patética ha sido la respuesta de la Protectora de Animales de Málaga. Más bien la no respuesta. Ausentes por ausencia, llevo intentando comunicarme con ellos desde hace más de dos semanas: todo en vano, no contestan. Telefoneo a un número que nunca responde, o que comunica constantemente (será que funciona a instancia de parte); quiero suponer que tendrán mucho trabajo, que están colapsados, no deseo pensar mal, las vacaciones son sagradas, por mucho que Cifuentes haya intentado desacralizarlas, y al agotamiento por tantas protecciones se suma el calor estival y la llegada de la feria de agosto, y no cabe la menor duda de que hay que proteger a muchos otros animales, no sólo a las gaviotas. Yo qué sé. En descargo de la Protectora debo confesar que ninguna de las otras asociaciones a las que he llamado han acudido en ayuda de la gaviota. He llamado a teléfonos facilitados por la Policía Local, y luego he seguido la cadena de llamadas sin encontrar respuesta. Que si nosotros nos dedicamos a los perros y a los gatos, que si nosotros a los burritos, que si nosotros a los ornitorrincos. Resulta inquietante porque mientras la gaviota agoniza cada vez hay más gaviotas alrededor para asistir a su deceso. Quizá planeen una terrible venganza.

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