NO GANAMOS PARA POBRES

NIELSON SÁNCHEZ-STEWART

PUES ahora resulta que los Abogados que trabajan en grandes y medianos despachos ganan menos que antes. Ha habido, según escriben lo que de esto saben, una 'caída generalizada de la retribución de los abogados en 2017'. Yo creía que este fenómeno era exclusivo de mi bufete pero parece que no. Hasta se cuantifica la disminución de los salarios: un dos coma tres por ciento. Estas estadísticas siempre me sorprenden. No sé cómo de una manera relativamente fiable se pueden establecer estas proporciones con tanta exactitud. Porque no es un 2%, no. Si se redondease así, no se lo creería nadie. Al agregarle decimales a la cifra se da una impresión de verosimilitud. Para mí, no. He estado ya demasiadas veces en sitios donde se analizan unos resultados y se acuerda dar a conocer otros -ligeramente y, a veces, no tan ligeramente- distintos con el objeto de, por ejemplo, conmover sentimientos.

Hace unas semanas, este periódico difundía un estudio que se había elaborado a requerimiento del Consejo General de la Abogacía Española, muy completo y científico, destacando sólo uno de las conclusiones a que se había llegado: que las Abogadas ganaban un promedio de cuatrocientos cincuenta euros menos que sus 'compañeros varones'. Es un dato interesante pero que surge, me parece, sólo de la extrapolación porque es difícil precisar tanto en un universo tan amplio como mi profesión donde sus miembros se cuentas ya por cientos de miles, en España -en Marbella, todavía no, aunque al paso que va, si en cuarenta y cinco años se ha pasado de siete a mil y pico, en 2063, si nadie lo arregla, ejercerán, hablo en tercera persona porque desde luego yo no, ciento cuarenta y dos mil en esta bella ciudad. Para que después alguien diga que no sé hacer estadísticas.

La retribución de los Abogados es muy baja. Lo demuestra claramente el interés que despliegan los compañeros para acceder al turno de oficio. No hay duda que muchos se incorporan en este servicio por pura generosidad, conscientes de la prestación social que se proporciona a quienes no tienen recursos para litigar. Y esa generosidad es más acuciada todavía en quienes permanecen prestándolo cuando sus ingresos obtenidos en la práctica privada pasan a ser congruos. Pero que hay un componente de necesidad que impulsa el postular es innegable. Y las contraprestaciones son muy exiguas. Indemnizaciones se llamaban antes, subvenciones, remuneraciones. Por nombres no se quedan pero por cuantía, son manifiestamente mejorables. Pero no son los únicos ingresos que son insuficientes. Lo que pagan los bancos a sus asesores jurídicos o las compañías de seguro a los suyos es, a veces, de vergüenza. El nivel de exigencia, con obligaciones de dar cuenta una y mil veces del estado de las gestiones que se llevan, la responsabilidad enorme que se adquiere al tener que, por ejemplo, bastantear un poder, en cuestión de minutos, mientras un apoderado y un interesado te respiran en el cogote, esperando que pongas una firma que te puede costar casi la vida si es que te equivocas. Los acuerdos a los que se llega en algunos casos sobre el reparto de las costas son de película y no de las de ensueño.

Hace unos años se promulgó un Real Decreto en que se regulaba las condiciones de trabajo de los Abogados -y de las Abogadas, claro, a pesar que el texto no estaba expresado en lenguaje, llamado, inclusivo- que apareció por la situación a veces abusiva en que algunas, pocas, grandes firmas, imponían a quienes en ellas colaboraban. Como eran profesionales en ejercicio se les atribuía un carácter mercantil a la prestación, se les pedía que emitiesen una factura periódica y se obviaba así el abonar las cotizaciones a la seguridad social y demás zarandajas que trae aparejado la relación laboral. Y, claro, la ley del más fuerte se imponía. Bueno, pues, con esta regulación se mató de un plumazo una institución más vieja que el mundo: la pasantía, que había permitido a generaciones de Letrados aprender su profesión de la mano de un colega mayor que le trasmitía su experiencia. Es verdad que había abusos pero han terminado pagando justos por pecadores con la novedad. El mayor costo que significa emplear a un Abogado se ha repercutido inexorablemente en lo que se lleva a casa a finales de mes.

Es que no podía ser de otra manera. El mercado manda nos guste o no. A mí, no.

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