La furgoneta blanca

Hay quien aprovecha para desviar el trazado de la furgoneta hacia sus ideas

Pablo Aranda
PABLO ARANDAMálaga

Una furgoneta blanca recorrió la Rambla atropellándonos y dejando nuestros cuerpos en posturas que es mejor no ver. En enero un muchacho sin luces (¡supremacista blanco de Huelin!) me mostró un vídeo del accidente mortal con el que estrenó Málaga el año. Pensé en el hermano gemelo del joven muerto y en su madre y en su padre y en su hermana pequeña, lo que les habrá gustado saber que un vídeo con la sangre de su ser querido muerto va de móvil en móvil. Barcelona me gusta porque cómo no me va a gustar Barcelona. Tengo varios recorridos inexcusables, según viaje con la familia o solo. Tres librerías, dos cafeterías, un restaurante, la Rambla. Demasiada gente en la Rambla como en calle Larios y como en todas las partes que son un poco de todos (la Rambla más), pero es parte del itinerario inexcusable. Y de repente una furgoneta blanca. Inquieta que se cuele en los sobrios titulares el color de la furgoneta, como si fuese importante, como si fuera el elemento necesario para sacarnos de nuestro letargo ante el atropello desorbitado. Hoy no soy de Barcelona porque yo soy siempre de Barcelona. Un amigo me envía la enérgica condena del atentado por parte de la Comisión Islámica de España y a los pocos minutos escucho un largo vómito de insultos hacia los musulmanes por parte de un tipo de mi barrio, tan provinciano en ese momento, tan triste e inculto mi barrio.

Un periódico británico habla de la australiana Julia Monaco, que estaba en la plaza Catalunya cuando la furgoneta blanca entró en la Rambla. Julia Monaco también estaba en el puente de Londres cuando el atropello de junio de este año y también estuvo en la catedral de Notre Dame de París cuando mataron a un policía unos días después del ataque de Londres. El plan de viajes de Julia Monaco debería ser público, deberían recomendarnos qué hacer si descubrimos que viaja en el mismo tren que nosotros, en el mismo avión. En el accidente del avión francés que cayó al atlántico en 2009 se salvó una señora italiana que llegó tarde por culpa del tráfico. Unos días más tarde murió en un accidente de coche en Austria. Esto no es importante, sólo curioso, pero qué decir ante tanto dolor.

Las camareras de piso de Málaga iban a manifestarse ayer pero han retrasado una semana la convocatoria por el ataque terrorista de Barcelona. En Francia y en Inglaterra ha bajado el número de turistas tras los atentados. El mundo es una selva pero vivimos en un lugar seguro. La Rambla forma parte del itinerario inexcusable de casi trescientas mil personas cada día; los días de fiesta aun más. Los trágicos atentados de Túnez, que sigue luchando por ser mejor y por la igualdad de las mujeres y por no acoger un barco racista, han desviado hasta nosotros muchos turistas que podrían desviarse hacia otros destinos. Son imprescindibles la solidaridad, la unión, la confianza, luchar por ser mejores. No desviar el trazado de la furgoneta blanca hacia posturas políticas. El sábado que viene hablaremos de las condiciones de las camareras de piso. Esa es otra.

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