La Fundación, clave del futuro andaluz de Unicaja

Tras la salida al mercado, es obvio que la única entidad que puede asegurar el anclaje de Unicaja Banco a Málaga y a Andalucía es la Fundación Bancaria, que seguirá siendo su principal accionista

ANTONIO DOBLAS ORTIZ / ABOGADO

La salida a Bolsa de Unicaja Banco la semana pasada es una de las noticias económicas más relevantes que se han producido en Málaga en los últimos años. Representa una oportunidad de apuntalar su independencia en un escenario regulatorio donde la cifra de capital principal de los bancos y su acceso a los mercados para reforzar el mismo es una variable esencial para soportar su viabilidad a largo plazo.

Tras la Junta General del banco donde fue aprobada la ampliación de capital y el proceso de oferta pública de adquisición de acciones dirigida a inversores institucionales, parece que el camino queda despejado con la positiva acogida por los inversores. El proceso redundará sin duda en una mejora de la gobernanza del banco, en un control más efectivo sobre su eficiencia y en el fortalecimiento de su competitividad, lo que creo que debe alegrar a todos los ciudadanos responsables, independientemente de que seamos clientes de la institución o no. Nadie duda de la importancia de Unicaja para Málaga y para Andalucía y aquí me van a permitir que comparta con ustedes algunas inquietudes.

Tras la salida al mercado, es obvio que la única entidad que puede asegurar el anclaje de Unicaja Banco a Málaga y a Andalucía es la Fundación Bancaria Unicaja, que seguirá siendo su principal accionista. La Fundación se convierte -en realidad, ya lo era- en un elemento estratégico para mantener la independencia del proyecto de un banco netamente andaluz y malagueño.

Muchos liberales, como lo soy yo, torcerán el gesto y pensarán en la cortedad de miras o en lo provinciano de este pensamiento. Pero es bastante obvio que cualquier integración de Unicaja Banco en otro grupo financiero español o europeo (muy viable por el atractivo del balance del banco malagueño) supondría la pérdida de no menos de un millar de empleos directos de los servicios centrales, administrativos e informáticos, básicamente en Málaga capital y Ronda.

Y es que las sinergias del posible comprador (seguimos hablando de una hipótesis) serían muy simples: despido masivo de los empleados de servicios centrales, concentrados en Málaga, así como reducción del personal de sucursales donde haya solapamiento de redes, fundamentalmente en Andalucía.

Estamos hablando de una potencial pérdida de riqueza sin precedentes en nuestra provincia y en toda la Comunidad, dado el impacto inducido de estos sueldos, así como de los empleos asociados a tales sueldos (empleos indirectos) sobre la economía de la zona.

Dada la envidiable situación de Unicaja Banco, a día de hoy, no tendría sentido llegar a tal extremo por una cuestión de simple eficiencia o mayor rentabilidad a corto plazo para determinado agente del mercado, a costa de un elemento relevante para la economía de la ciudad, de la provincia y de toda Andalucía.

En este punto me permito un inciso pues resulta de interés recordar que la Fundación tiene una obligación legal de reducir su participación en el Banco por debajo del 50%, derivada del proceso de reestructuración del sistema financiero español negociado con la Unión Europea, obligación a la que se acerca de modo efectivo tras la ampliación de capital resultado del proyecto de salida a Bolsa.

Sin embargo, de cara a una hipotética operación corporativa, los intereses territoriales sólo podrían quedar asegurados bajo dos condiciones: primera, el mantenimiento de una participación relevante de la Fundación, aunque fuera no mayoritaria y, segunda, la más importante, una clara posición de ésta en favor de un proyecto financiero independiente, consecuente con su objetivo histórico de fomentar la economía regional.

La Fundación ha demostrado tradicionalmente su apego a Andalucía y a Málaga, su responsabilidad social con los ciudadanos de estos territorios; sin embargo, no está de más recordar que determinados personalismos o la ambición por la rentabilidad a corto plazo, podrían modificar de forma dramática esta posición.

Prevenir una situación como la que describimos en hipótesis pasa por mantener el ojo avizor sobre la correcta gobernanza del Patronato que dirige los destinos de la Fundación, fomentando que las personas que forman parte del mismo no representen intereses personales, evitando que alguien pueda caer en la tentación de patrimonializar una institución que no es de nadie y es de todos y asegurando que las decisiones se adopten de forma colegiada, con responsabilidad, transparencia y con pleno conocimiento de las autoridades.

Tenemos por desgracia los ejemplos de otras entidades financieras andaluzas donde intereses personales se han opuesto al interés común con los resultados que ya todos conocemos.

Afortunadamente, el Grupo Unicaja Banco es solvente y rentable, y mucho, sobre todo cuando se culmine la integración con EspañaDuero y se devuelvan las ayudas de Estado recibidas por éste, principal destino del capital que piensa captar la institución con la salida a Bolsa.

Porque no debemos olvidar este dato fundamental: Unicaja Banco disfruta de un excelente nivel de solvencia y es esta solvencia y rentabilidad las que garantizan la estabilidad e independencia de este ilusionante proyecto financiero en Málaga. Por ello, los poderes públicos harían muy bien en controlar la adecuada gobernanza y apego a sus objetivos sociales y territoriales de la Fundación Bancaria Unicaja, elemento clave para evitar sorpresas y problemas futuros en la gestión de su participación en una de las empresas clave de la economía regional.

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