Fuga de médicos

Ángel Escalera
ÁNGEL ESCALERAMálaga

Entre 2007 y 2017 se marcharon de Málaga 1.178 médicos, que hicieron las maletas en busca de unas condiciones laborales mejores. No se fueron por gusto, sino por necesidad ante la imposibilidad de encontrar un empleo estable. La cifra de facultativos que emigraron en esa década equivale a siete promociones de alumnos de Medicina de la Universidad de Málaga. Formar a un médico, desde que comienza la carrera hasta que logra el título de especialista, cuesta mucho dinero y sacrificio, además de que transcurren de 11 a 12 años. Es lamentable que ese potencial humano deba ejercer en otros lugares de España o en el extranjero porque aquí no se le ofrece un trabajo bien remunerado y con garantías suficientes. El Colegio de Médicos de Málaga ha hecho una encuesta entre facultativos que decidieron buscar un futuro profesional fuera de Málaga y casi el 80 por ciento estarían dispuestos a regresar si las condiciones laborales fuesen buenas y les hiciesen contratos estables. Esa fuga ha acentuado la falta de médicos, una carencia que ya es importante en muchas especialidades. Como dice el presidente del citado colegio profesional, Juan José Sánchez Luque, «Málaga es una ciudad ideal para vivir, pero no para trabajar».

La sanidad pública andaluza tiene que tomar cartas en el asunto. Y hacerlo con rapidez y eficacia si no quiere que la escasez de facultativos aumente y haya verdaderos problemas para cubrir el importante número de jubilaciones que habrá en los próximos años. Hay que sembrar para recoger. Si no se cuida el presente, el futuro será incierto en cuanto a dotar las plantillas de galenos en los centros sanitarios públicos. La solución pasa por mejorar los contratos y que estos sean atractivos y den una seguridad laboral. Ofrecer contrataciones de fines de semana, para hacer interminables guardias o incluso por horas no es modo de conseguir que retornen los que emigraron. O la Consejería de Salud y el SAS cuidan más y mejor a los médicos residentes, y les colocan encima de la mesa ofertas en condiciones adecuadas para evitar la fuga, o la sanidad pública malagueña padecerá un grave problema de difícil solución. Hay que actuar antes de que la herida se infecte y haya que amputar. Muchos de los que se fueron con el fonendoscopio a otra parte han echado ya raíces en los lugares en los que se establecieron, una circunstancia que favorece su permanencia. Para volver a hacer el equipaje y desandar el camino tienen que contar con la certeza de que recibirán un salario al menos igual que el que les pagan donde están y que los contratos que les pongan por delante les aseguren un trabajo digno.

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