La rotonda

El fuego quema

Pedro Luis Gómez
PEDRO LUIS GÓMEZ

La Justicia no puede ser un problema, porque si lo es ya no puede considerarse como tal. Lo cierto es que de una forma u otra, una de las patas del sistema de derecho, la Justicia, lleva tiempo convertida en protagonista, lo que no deja también de ser lo más parecido a un problema. Abrir SUR de ayer lo dejaba bien a las claras: «Ola de indignación ante la sentencia contra 'La Manada'», «Los juzgados malagueños acumulan 83.061 sentencias pendientes de ejecutar», «Jueces y fiscales continúan exigiendo una mejora de la Administración de Justicia»... Para que la democracia sea plena, la justicia tiene que serlo igualmente, y para ello hay que dotarla de un sistema mucho más ágil para que se desenvuelva, más, mejor y más rápido, pero también hay que adecuar las leyes a la realidad vigente, a la sociedad que se desenvuelve y que se rige por ella. No vamos a caer aquí en lo que sin duda es un grave problema derivado de la irrupción en nuestras vidas de las redes sociales: la facilidad con la que la gente opina y dicta veredictos sin tener ni la más puñetera idea de lo que habla, aunque la mayoría sí sabe por qué y para qué lo hace. Resulta que si encima a estos nuevos animadores y orientadores de la opinión pública se les dota de verdades a medias, de resoluciones sorprendentes o de interpretaciones difícilmente aceptables, pues es como si alimentamos a las fieras...

La Justicia en este país nuestro tan machacado por nosotros mismos necesita una revisión a fondo, o más bien una reestructuración, una modernización, un acomodarse a los nuevos tiempos. Pero la ley tiene también que hacerle fácil a la Justicia su papel, y sobre todo dejar las cosas mucho más claras de lo que lo hace en muchos casos.

La sentencia contra 'La Manada' a todos se nos antoja cuanto menos sorprendente porque es escasa y leve, sobre todo en relación a los hechos ocurridos y, también, por qué no decirlo, por el eco que aquel grave suceso tuvo en la sociedad, que está muy sensibilizada al respecto, y como se editorializaba en estas mismas páginas, «la diferencia entre abuso sexual y violación, como la que limita la condena a 'La Manada' está sujeta a interpretaciones que victimizan a la víctima».

Partiendo de esta base, lo que no podemos es no darnos cuenta de la manipulación que por sectores muy concretos se está haciendo a través de las redes sociales. Lo que parecía una maravilla para todos se nos ha convertido en pesadilla colectiva, con noticias falsas, demagogia espurreada por todos lados, juego de intereses incontrolados, y además dirigido a sectores muy determinados, concretos, localizados por estos nuevos manipuladores de la vida que están haciendo su agosto.

Este país no es una porquería, aunque muchos estén decididos a que así lo parezca. Entre la utilización nada ética de unas imágenes de un supermercado que deberían estar destruidas hace casi 7 años (que se defina como 'periodismo' tal utilización es para llorar por las esquinas), el lazo amarillo de los Guardiola y compañía, los carteles de la Colau sobre 'presos políticos', y sentencias nada comprensibles como las de 'La Manada', la sombra de la apocalipsis planea sobre la cabeza patria, cuando no es así. No jueguemos con cerillas, que el fuego quema...

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