FREUD EN BARCELONA

MANUEL VILAS

La represión policial del 1 de octubre fue indigna de un Estado democrático. No era necesaria. No era proporcionada. Fue una vergüenza. Los porrazos en una democracia madura sobran. Y qué podemos hacer ahora. Pues lo único que nos queda es esperar que por algún sitio se cuele la cordura. Toda la sociedad está erizada, convulsa. De repente, está cayendo sobre millones de españoles y de catalanes una contagiosa y pegajosa sensación de culpabilidad, de haber hecho algo mal y no saber qué.

¿Qué ha pasado? Porque este clima de derrota, de sufrimiento político por todas partes, es imparable. Digas lo que digas sobre el problema catalán, desatinas. Si agradas a unos, molestas a otros. Lo mejor es el silencio, claro. Mucha gente ha optado por el silencio, por evitar el tema, porque ya no es un tema. Es un trauma. Tan pronto puedes convertirte en un fascista como un héroe de la libertad. Entramos, pues, en una encrucijada psicoanalítica, en una histeria de contornos freudianos. Necesitamos a Freud en Barcelona y en toda España. Hemos reducido la realidad a dos escalas. De ahí nace el sentimiento de derrota. Siempre hay una derrota cuando se reduce el mundo a solo dos posibilidades. Y siempre hay una derrota cuando toda una sociedad gasta su energía política en la fractura y en el odio y en la depresión. Unos odian a muerte a Rajoy. Otros odian a Puigdemont. Otros aman a Podemos. Otros odian a la CUP. Caben todas las variantes, caben todas las posibilidades en esa dualidad de amor/odio.

Quien está perdiendo esta batalla es la sociedad civil. Lo peor es que alguna gente que siente que su vida no le gusta está utilizando el caos político para vengarse del mundo. Este es el momento en que todos los frustrados, todos aquellos que piensan que el mundo les debe algo, todos los resentidos, los amargados, salen a la palestra pública a exigir la cabeza de alguien, de quien sea. Se nota en las redes, que buscan linchamientos rápidos y juicios sumarísimos. A río revuelto, ganancia de pescadores. El fanatismo se nutre de amargados. Así que dios nos libre de los amargados, esos son los peores, y esos están saliendo de sus cavernas, para exigir venganza, para que todo se hunda. Porque lo que se puede hundir es la sociedad civil. Se puede hundir el Estado del bienestar, la cultura, las universidades, la ciencia, la medicina, la igualdad, la libertad. Se puede hundir el mundo del trabajo. Se puede hundir lo básico. La alegría de vivir en libertad se está independizando de todos nosotros. Necesitamos otros políticos. Tenemos que quitarnos el dolor de encima, porque todos somos inocentes. Y sobre todo, todos somos clase media.

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