Franco no ha vuelto

El extranjero

Antonio Soler
ANTONIO SOLER

Ni ha vuelto ni por suerte se le espera. Lo que ha vuelto es la política engañosa, el cobijo en las medias verdades para contar una gran mentira. A raíz del conflicto catalán el lenguaje se estira y retuerce para presentar realidades paralelas a la realidad. Es decir, irrealidades, espejos cóncavos. Cuando el malnombrado Caudillo vivía, en los libros de texto leíamos que vivíamos en una monarquía. En una democracia orgánica. Habíamos sido liberados del terror rojo. Los partidos políticos estaban prohibidos. Las películas y las obras de teatro estaban censuradas. Había libros prohibidos. La homosexualidad era una enfermedad y un delito. El adulterio, si lo practicaba una mujer, aún era peor que un delito. Aquello que no estaba de acuerdo con el régimen podía acabar en un paredón, en el garrote vil y, a veces, en el ridículo. Como cuando a Vázquez Montalbán lo obligó la censura a cambiar en uno de sus libros la palabra 'sobaco' por 'axila'. Lo de 'axila' sonaba más higiénico, menos sensual. Cuando alguien escribía 'obrero' el censor lo sustituía por 'trabajador'. 'Obrero' sonaba a marxismo. Todavía en 1973, Juan Marsé se vio obligado a publicar 'Si te dicen que caí', una de sus novelas mayores, en México. Demasiados rojos, el libro y su autor. Eso era, a grandes rasgos, el franquismo.

Ahora, algunos soberanistas, algunos representantes de izquierda, afirman que el franquismo ha vuelto. Lo dicen en catalán y en castellano. Cuando Franco vivía sólo lo podrían haber dicho en una lengua. Y desde la cárcel. Alguno tal vez lo afirme por desconocimiento, el analfabetismo histórico es galopante entre algunos políticos. Otros saben que mienten. Pero es el recurso fácil. El atajo. Emborronar, decir lo que no es. Mentir para, a través de la ficción, contar una supuesta verdad. Resulta más efectivo e inmediato fabricar un titular rotundo que elaborar un pensamiento profundo. Mejor y más impactante la boutade que una reflexión en la que se razonen los anhelos de independencia y la exploración de unas vías de entendimiento. Cosas que en este asunto han brillado por su ausencia.

Se disputan la democracia como niños un caramelo. Lo malo es que la disputa no es por la democracia en sí, sino por la palabra 'democracia'. Mía o tuya. La democracia se ganó en este país por medio de una constitución que sigue vigente. Y que es susceptible de modificaciones. Un trabajo lento que requiere voluntad de entendimiento por muchas partes. El espectro que va desde el rincón de la CUP, que anhela salir del euro y del mundo conocido, hasta las estepas más sombrías del PP. Mientras eso no sea así cunde más quemar unas banderas y ondear otras. Vitorear a Otegui o marcar con una cruz a los que no piensan como ellos. O, como ha ocurrido en alguna biblioteca catalana, pintorrear los libros de Marsé por traidor a Cataluña. Y proclamar a los cuatro vientos que Franco ha vuelto. No sé, a lo mejor es que ven su sombra cuando se miran al espejo.

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