FRACASO

ARANTZA FURUNDARENA

Cuando me miro en el espejo antes de salir de casa, me digo: vas estupenda. Luego, en la calle, me voy cruzando con chicas mucho más guapas y mejor vestidas que yo y empiezo a venirme abajo», solía decir en su juventud una amiga. Y es justo lo que me vino a la cabeza viendo el festival de Eurovisión. La actuación de Amaia y Alfred me conmovió más de lo esperado. La canción sigue pareciéndome empalagosa y ramplona pero, no sé, su interpretación fue tan impecable y genuina que lograron emocionarme. Eso sí, luego llegaron las otras 24 canciones restantes y, como mi amiga, me fui viniendo abajo... «Estos se lo han currado mucho más que nosotros», empecé a pensar. «Este es más moderno». «Esta tiene más gancho». Y para cuando llegó la número 26 ya estaba bastante convencida de que nuestra acaramelada parejita no pasaría de la mitad de la tabla.

Con todo, no imaginaba que el fracaso sería tan estrepitoso: los cuartos por la cola. En el puesto 23 de un total de 26. Un batacazo de los de dejarse los dientes. Pero, según quien haga el balance, aquí no ha pasado nada. Alfred y Amaia han vuelto con la misma sonrisa con la que se fueron. Y con el mismo número de fans, o puede que incluso alguno más... Amaia ha reconocido que el resultado ha sido «una mierda», pero lo ha dicho entre risas, como si quedar en tan mal lugar fuera una anécdota más y ellos hubieran ido a Eurovisión no a competir (¡hasta ahí podíamos llegar!) sino a «crecer profesionalmente»... TVE ha tenido la misma actitud de sacudirse la mota de polvo de la solapa. Para ellos, los escasos votos obtenidos no representan ninguna derrota, son fruto de esa arbitraria lotería que ya sabemos todos que es Eurovisión. Sí, claro... Me pregunto si dirían lo mismo de haber quedado España en primer lugar.

Lo de que el votado no se dé por aludido con el resultado de la votación es muy típico de la política, pero parece que se va extendiendo a otros ámbitos. Tal vez sea que fracasar o perder son verbos políticamente incorrectos. Ahora está de moda esa ñoñez de que 'unas veces se gana y otras se aprende'. Pues no. Cuando compites (y a un concurso se va a competir), unas veces se gana y otras se pierde. Para aprender, primero hay que reconocer el fracaso.

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