Esa foto tan mona de tu niño

JUAN GÓMEZ-JURADO

La UE a ha hecho público un documento en el que reflejan uno de los grandes problemas, el de la relación entre las esferas personal y profesional de los trabajadores. Si ha acudido recientemente usted a una entrevista de trabajo, con su cuidadosamente confeccionado CV en la mano, seguro que se han encontrado con la pregunta de «¿Cuál es su nickname en Twitter y en Facebook?» Y es cierto que podemos dedicar todo el tiempo que queramos a currarnos nuestra historia en dos o tres cómodas páginas, demostrar con argumentos cómo dominamos el past tense en inglés, y acabar siendo descartados para un puesto de trabajo porque hace cuatro años subimos a una red social una foto con los ojos rojos y la corbata atada a la cabeza en una boda. O peor aún, un vídeo. Con Paquito Chocolatero de fondo. ¡Si hasta el propio Rajoy tiene uno bailando por Raphael! Según la guía publicada por la UE, las empresas no deberían inspeccionar las redes sociales de los candidatos a un puesto de trabajo, por lo que esa pregunta se vuelve tan desaconsejada como las -ya ilegales, pero no por ello menos repetida-de si queremos tener hijos o si tenemos pareja y cómo se llama. Que no es sino una manera velada de averiguar nuestra opción sexual.Las empresas no deberían hacerlo, pero nadie se lo impide. Y a ver quién es el guapo que, preguntado si tiene Twitter o Facebook, se niega a dar el nombre de su cuenta. Si dices que no tienes, quedas como un troglodita o como alguien poco confiable. Si lo facilitas, seguro que miran hasta la última foto o comentario que hayas volcado, seguramente en momentos poco juiciosos. Porque pasa, nos pasa a todos. La práctica es injusta y reprobable, pero no deja de ser cuestión de sentido común el manejo de la propia vida digital. Cada día me sorprendo en las redes decenas, con cientos de imágenes que mis conocidos y allegados suben de sus hijos. Mucho más en vacaciones, con niños cerca y el aburrimiento haciendo presa de nuestras tardes. Y cada vez que el rostro de un menor aparece en mi pantalla, hago una mueca. Ese niño no es consciente de que su imagen está entrando a formar parte del continuo insoslayable de internet. Lo que ocurre en la red queda para siempre, es casi imposible de anular, y es tanto más difícil cuanto más embarazoso. Que los padres se piensen dos, tres y cuatro veces si es necesario colgar esa foto del hijo recién salido de la piscina. Porque quizás dentro de quince años un responsable de RRHH decida en función de esa foto. Y porque los niños están a nuestro cargo, pero su vida no nos pertenece. Así que no usurpemos su libertad a cambio de un puñado de miserables corazoncitos y de 'Me gusta'.

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