Fiesta en la Costa

Pablo Aranda
PABLO ARANDAMálaga

Marbella fue una fiesta. Muchos marbellíes votaban una y otra vez a un señor enorme que construía edificios y compraba jugadores de fútbol. El coche oficial era un Rolls Royce y el alcalde prometía un jamón para cada familia, mientras se metía en un jacuzzi televisado con modelos sin ropa. Los asuntos serios se arreglaban con bolsas de plástico cargadas de miles de euros y el partido gobernante se llamaba como el alcalde. Marbella constituía un gran negocio cuya piedra angular era Roca, el de la jirafa disecada y un Miró para mirar en el baño. Cuando uno maneja tanto dinero a veces no sabe en qué gastárselo. Había agentes de la policía para contravigilar a la policía y un agridulce olor a podrido que no se quería oler. El GIL no sobrevivió mucho a Gil, y Roca fue condenado junto a exalcaldes y concejales. La sombra de Malaya nubló el paraíso que es Marbella y Julián Muñoz casi se muere en la cárcel, cómo tosía, pero al final debió de encontrar en su carpeta azul la fórmula secreta y ha recuperado el color especial. Todo eso fue quedando atrás y ascendió a los cielos Ángeles Muñoz, que ha vuelto a ascender. Marbella iba nublando la 'operación Malaya'. Pero quedaba un Fernández suelto y ahora Héctor Barbotta y Juan Cano tendrán que añadir un capítulo en la nueva edición de su libro. Carlos Fernández lleva once años prófugo y asegura haberse entregado a las autoridades de un país extranjero, cruzo los dedos deseando que sea Laos y haya que ir a por él, pero es Argentina. Dice el proscrito que la causa ha prescrito. En once años ha tenido tiempo de hacer cuentas. Los primeros meses a lo mejor los pasó contando los ochenta mil euros que se apropió del club de fútbol de San Pedro, hechos por los que fue condenado a dos años y medio de cárcel. Asegura que esta condena también ha prescrito, qué tío.

En junio de 2006 la policía fue a detenerlo, y como no estaba en su casa esperando a los agentes estos lo telefonearon. Contestó, aseguró, desde el Camino de Santiago y prometió regresar a Marbella de inmediato. La falta de cobertura seguramente impidió que los agentes oyeran la risa, María Luisa. El fiscal situaba al exconcejal Fernández en el mismo nivel de responsabilidad que la exalcaldesa Marisol Yagüe y la exteniente de alcalde Isabel García Marcos. El pétreo Roca les entregaba sobres a los tres y ellos los iban repartiendo. ¿Se imaginan todo lo que podría haberse hecho en Marbella con todo el dinero robado? Seguro que sí. Las necesidades son muchas.

Esta semana hemos sabido que en un colegio de Estepona, donde el piso de Ignacio González, ciudad que también fue gobernada por el GIL cuando Jesús Gil, hijo, consiguió la alcaldía, el único colegio público que dispone de comedor no dispone de personal de cocina. El primer día decidieron pedir trescientos menús a Burger King, que no sigue la dieta mediterránea pero algo había que darle a los hambrientos estudiantes, contentísimos al ver que había hamburguesa. La gestión de los colegios depende de la Junta, pero ese día, como Marbella hace ya muchos años, menos mal, el cole de Estepona fue una fiesta.

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