Mirando al mar

LA FERIA DE LOS NIÑOS

JOSÉ MANUEL BERMUDO

Con el paso de los años se han producido cambios significativos en la mayoría de las ferias patronales que se celebran en nuestros pueblos andaluces, aunque en muchas de ellas sigan conservandose algunas peculiaridades. Hace décadas los mayores esperaban los días de feria, entre otras cosas, porque eran la oportunidad de participar en aquellos baíles de las casetas que constituían una de las pocas ocasiones en el año de poder hacerlo, porque entonces no existían demasiadas salas adecuadas. Para aquellos días se había ahorrado algo de dinero durante los meses anteriores y la mayoría de vecinos estrenaba ropa nueva.

Pero quienes disfrutaban más de los festejos eran los niños, que durante unos días disponían de toda una gama de aparatos en los que girar continuamente, subir y bajar en caballos de colores o conducir un coche de bomberos.

En Marbella, muchas de estas atracciones las teníamos cerca de casa, porque se instalaban en el parque de la Alameda, en la hoy Avenida del Mar o en otras parcelas céntricas en las que no había más que asomar la nariz para estar dentro de la feria. Los mismos recintos se utilizaban entonces para algunas actividades propias de aquellos tiempos, como las carreras de cintas o de sacos, las cucañas o diversos juegos de la mayor sencillez y con escasez de medios. A veces bastaban unos pañuelos o unas cuerdas para dar rienda suelta a la diversión. Y no crean que se trata de hacer un ejercicio de nostalgia, porque cada tiempo tiene sus características especiales y hay que aceptarlo.

Ahora lo difícil es sorprender a los niños cuando muchos han tenido ya la experiencia de acudir a Eurodisney o a otros de los muchos parques de atracciones que se han ido multiplicando por el mundo. Ante eso todo lo demás les puede parecer pequeño o anticuado. Lo mismo ocurre con la programación de actividades ante un tiempo que ha facilitado a los pequeños todo tipo de aparatos electrónicos que manejan mejor que nadie y que les permite jugar a lo que más les apetezca en un momento determinado. Quizás los más sorprendidos sean los propios padres cuando acuden al recinto ferial y afrontan la tarea de pasar por la taquilla de los «cacharritos». Tener dos o tres hijos en esos momentos puede ser un trago económico.

Las fiestas de Marbella, por las fechas en las que se celebran han tenido siempre otra característica, sobre todo para los más jóvenes. Son unos días que coinciden con los exámenes de fin de curso en institutos y universidades, lo que da pocas opciones a la distracción de unos estudios que pueden significar mucho en muy pocos días. Son, por tanto, un colectivo de perjudicados por mor de las fechas, pero las tradiciones no pueden cambiarse y cada cual tiene que adaptarse a las circunstancias.

En contraposición, los que sí disponen de tiempo pueden elegir entre la feria de día y la de noche, que en muchos casos suelen ser las dos, porque hay cuerpos, aunque no lo parezca, que lo aguantan todo. En realidad son dos ferias distintas: la que comienza a la una de la tarde ofrece la oportunidad de disfrutar de la gastronomía local acompañada de música y grupos de bailes, y durante la noche las casetas y el recinto para los niños. De todas formas, aunque muchas cosas hayan cambiado, la mezcla de sonidos, luces y -como decía la canción- el perfume a churros al que hay que seguir la senda, siguen teniendo algo de mágico. A algunos les sirve para que se vayan los malos humores, quitando barbas a la vida, que no es mala costrumbre de vez en cuando.

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