Una fechoría

EN DIAGONAL

ROSA BELMONTE

Margaret Thatcher dormía cuatro horas (Churchill, también, pero con siesta de pijama). Cuando John Major llegó a Downing Street, los funcionarios se habían acostumbrado a una mandataria que no dormía. Con sus ocho horas de sueño, parecía un flojo. Cristina Cifuentes ha dicho que no va a tomar vacaciones, que son un derecho pero que también son voluntarias. Una fechoría. Como si hubiera anunciado el sacrificio de Dumbo. Como si estuviera cuestionando el incuestionable derecho laboral para los demás. Rachida Dati volvió al despacho cinco días después de parir (Soraya Sáenz de Santamaría, diez). Ambas fueron criticadas. Dati se defendió afirmando que la verdadera libertad era poder elegir. Claro que los derechos se defienden disfrutándolos y se nota más cuando quienes no los gastan son figuras políticas, pero estaría bueno que una no pudiera elegir la esclavitud pudiendo hacerlo. Y pasa lo mismo con tener hijos para otro o con ser puta.

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