La rotonda

De las farolas a Nadal

Ángel Escalera
ÁNGEL ESCALERAMálaga

Cualquier cambio implica siempre rechazo, crítica, polémica y debate entre partidarios y detractores del mismo. Poner de acuerdo a las partes no es tarea fácil cuando todos quieren ser juez y parte. La última controversia, que será la penúltima cuando surja la próxima, es la retirada de las farolas modernistas de la Alameda Principal y la colocación de unas minimalistas. La sustitución se enmarca en el proceso de rehabilitación de esa zona señera de la ciudad. Como era de prever, la decisión del equipo de gobierno del Ayuntamiento de Málaga ha encendido los ánimos sin que nadie haya encontrado todavía el interruptor para apagar el fuego dialéctico. En cuestión de gustos los hay de diverso tipo y condición, hasta de mal gusto. En principio, y sin saber cuál será el sentido final, lo único claro es que hay división de opiniones sobre si es mejor dejar las farolas más clásicas o hay que poner, como quieren los responsables municipales, las minimalistas, que vistas en foto parecen largos y feos palos con dos brazos a distinta altura. Lo que para unos es un acierto que se acompasa con los tiempos, otros lo definen como un adefesio que va con el paso cambiado. Nada nuevo bajo el sol que ilumina a las luminarias. Hablar es gratis y el derecho de expresión es libre, incluso para los que no saben bien lo que dicen por mal que les parezca el proyecto que cuestionan. En este caso, hay argumentos razonables en los dos bandos, que ya les adelanto que no se van a poner de acuerdo.

Y mientras que en Málaga se discute sobre el cambio de farolas de la Alameda Principal, en Roland Garros, que es la catedral del tenis en tierra batida, todo sigue como siempre. Es decir, reinando en el polvo de ladrillo de París Rafael Nadal Parera, un monarca de la raqueta que ya ha mordido en once ocasiones la Copa de los Mosqueteros. Ahí es nada. Ganar por undécima vez Roland Garros no lo había hecho nadie. Y probablemente nadie lo vuelva a hacer. La grandeza de Nadal es tal que convierte en sencillo lo difícil. Con 32 años recién cumplidos, el de Manacor es el espejo en el que deben mirarse no solo los deportistas, sino cualquiera que pretenda ser un referente en su profesión. Humildad, disciplina, trabajo, sacrificio, superación y talento. Mucho talento. Eso es lo que convierte a Nadal en un superclase del deporte y de la vida. En este asunto no hay discusión posible. Tirios y troyanos deben plegarse ante el golpe liftado de derecha, la dejada certera o el revés cruzado de Nadal. En la pista, cuando sale el manacorí, no hay farolas que valgan, sino un sol refulgente que apabulla a los contrarios.

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