De la farmacia del derecho

A mí me parece todo esto alarmante. No son simples disparates, no es el esperpento que regresa -aunque nunca se ausentó- otra vez, con todo su esplendor grotesco y bufo

El TC se ha pronunciado en el mal llamado 'caso Juana Rivas' -pues se trata de un 'caso' de menores, un caso de sustración interparental (otro hallazgo lingüístico) de menores- sin obtener el pretendido amparo por interposición extemporal del recurso. El 'caso Juana Rivas' está limitado al deber de restituir de forma 'inmediata' a los dos niños a su padre y, como consecuencia del incumplimiento de lo así resuelto, tanto por el Juzgado de Primera Instancia de Granada, en diciembre pasado, como la Audiencia Provincial, en abril de 2017. En añadido, el 'caso Juana Rivas' es, asimismo, el sustanciado en auto judicial del Juzgado de Instrucción 2 de Granada de 8 de agosto decretando, en las diligencias penales en curso que la investigan por un presunto delito de desobediencia a la autoridad judicial y otro de retención ilícita de menores, la busca y captura para puesta a disposición del Tribunal. Meridianamente, confío, aclarada esta cuestión semántica, queda por precisar -y mucho- la que llamaré cuestión ideológico-jurídica; 'cuestión' que se presta a dilucidaciones no menos esclarecedoras, o eso espero.

Comenzaré diciendo -porque no deseo abrir aquí un debate de preciosísimo jurídico-procesal, renunciando a él en favor del 'futuro' buen hacer de su representación procesal- que el asunto es, auténticamente, 'de Juzgado de Guardia' a fuer 'de Farmacia de Guardia'. Tanto el mal llamado 'caso Juana Rivas' como el debemos denominar propiamente como 'caso Juana Rivas', revelan un síntoma de padecimiento social que, con independencia del tratamiento 'en su caso', tendrá difícil y, de seguro, dolorosa receta. Porque en orden a la tutela judicial, como en farmacia, se ha producido una patología que reclama estudio clínico. Se trata de la automedicación; esto es, el «uso de medicamentos que realiza una persona para sí misma sin prescripción médica» (RAE). Como muchos de nosotros sabemos -afirmarlo de la mayoría es aventurado- la utilización de medicamentos por iniciativa propia, al margen y sin intervención de profesionales de la medicina -del médico especialista, y aun del médico de familia- comporta graves riesgos para la salud. Esta práctica, que con harta frecuencia igualmente está asociada al curaderismo homeopático, genera, ciertamente, resistencias bacterianas, pues arrasa con la flora microbiana endógena, o produce reacciones alérgicas complicadas, y hasta muy severas, o bien, lo que es tanto o más preocupante, interactúa de forma contraindicada en el efecto de otros medicamentos que estuvieren prescritos o pudieran serlo más adelante.

Esta errónea y oscurantista práctica del autocuidado de la salud corresponde en Derecho a la autotulela, con múltiples y muy diversas manifestaciones de índole y grado. Una de ellas, me parece, es la que se ha dispensado -por sí o por comisión sapiencial de terceros- Juana Rivas. Naturalmente, ella no puede ser tenida como la única practicante del autoconsumo que en nuestro país realizan por muchos más, de un modo extendido y creciente. Pero es, por la voluntad mediática en que ella misma y otros a su alrededor se han colocado con especial empeño, representativa de esa distorsión de la prudente uso farmacológico y jurídica. Admitamos la evidencia, que de ningún modo atenúan las supuestas o reales deficiencias del sistema sanitario ni del judicial: la automedicación y la autotulela se hallan socialmente admitidas y son, además, celebradas. El espartaquismo de 'Juana esté en mi casa' o, por acudir a la tradición hispana, esa mezcla de 'alcadezalameismo' y fuenteobejunismo del 'todos a una', o las declaraciones de la propia interesada -«No he hecho nada en contra de la ley»- son preclara demostración. Los galenos, qué no decir de los magistrados, yerran, se equivocan, no saben. Y llega la automedicación y, de la misma manera, la autotuleta jurídica.

Mal vamos todos -y para muestra el botón de su 'caso' y del 'caso' de sus hijos que, a diagnóstico de hallase 'en peligro por errores judiciales', están sumergidos en una vorágine medicamentosa de extraordinario peligro para el interés superior de su bienestar presente y venidero- con esta posología farma-jurídica. Así, todo es paradoja; el sentimiento jurídico -y el temible 'sentimiento (y sentimentalismo) de la Justicia'- recomienda administrar las dosis a gusto del consumidor; por ejemplo, que los jueces «encaminen este proceso hacia la cordura y la coherencia». Y, no menos, la más oportuna prolongación y amplitud del tratamiento; por ejemplo, la sujeción de los límites de la ley a la propia conciencia, la conciencia de «estar 'huida', pero no fuera de la ley». Porque el paciente sabe más que el médico y, por supuesto, que el juez. No importa si el asunto o la dolencia es de Derecho de familia, hipotecario, o relativo al ejercicio del indulto (recordemos esas pragmáticas carolinas que, junto a alguna de las Leyes Fundamentales franquistas, se le escurrieron a la Constitución del 78 por el desagüe de la Transición).

A mí me parece todo esto alarmante. No son simples disparates, no es el esperpento que regresa -aunque nunca se ausentó- otra vez, con todo su esplendor grotesco y bufo. A mí todo esto que sucede -tan a menudo- me suscita una enorme inquietud, porque esos talantes y esas 'vías de hecho' constituyen genuina expresión del banderín de enganche a una pedagogía social que quiebra no superficialmente la idea del triunfo del Derecho, abre debates de ínfima capacidad deliberatoria, y de ahí a poco terminan peor que mal. Socializar la Salud y la Justicia -la Farmacia de Guardia y el Juzgado de Guardia- no puede confundirse con la encajadura ergonómica y electiva del interés personal en los medios y remedios sanitarios o judiciales. Y ante el 'caso Juana Rivas' y el 'caso' de sus hijos nos cumple una urgente e ineludible responsabilidad ciudadana, que comienza por explicitar la toma de posición del lado del sistema de Salud y de Justicia que normaliza -y como tal hace general- el modelo y las garantías de acceso a un consumo farmacológico y una tutela de los tribunales organizada, profesional y objetiva.

Fotos

Vídeos