LA FAMA

JOSÉ MANUEL BERMUDO

Todas las ciudades, sobre todo las turísticas, tienen una especial preocupación por su imagen para que desde otras latitudes se les tenga en cuenta a la hora de elegir un destino de vacaciones o realizar inversiones. En muchos casos se crean unas características que permanecen en el tiempo aunque con el paso de los años vayan cambiando muchas cosas. En Marbella, por ejemplo, con los conflictos políticos y extensa actividad judicial que se han registrado en las últimas décadas, los índices de ocupación hotelera apenas si han variado. En todo caso, las diferencias que hayan existido han tenido que ver con los períodos de recesión económica general y más en el gasto de cada visitante que en el número de éstos .Lo que quiere decir que al turista lo que realmente le preocupa es que el destino reúna los requisitos necesarios para estar a gusto durante unos días, y si las luchas o desacuerdos entre políticos no les rozan, las obvian diréctamente.

En todo caso hay que vender bien la imagen en el exterior y una de las mejores fórmulas es mejorar el interior, no sea que luego haya quien se sorprenda de que la foto que le enseñaron no era la que correspondía. Por lo general, dentro de la amplia actividad turística de la ciudad, los servicios que ofrecen las instalaciones hoteleras son de un gran nivel, aunque no todo se reduce a eso; los servicios públicos deben acompañar al menos en la misma medida. Y quizás el mayor éxito de unos tenga que ver con el menor de otros. Es decir, observando los hoteles de cinco estrellas o las urbanizaciones de lujo se puede hacer desde fuera el análisis de que todo se encuentra al mismo nivel y no es así como se ve desde dentro, al menos por una parte de la población.

Lo preocupante es cuando hay que explicarle la realidad a quienes tienen en sus manos la posibilidad de actúar diréctamente con dinero público en la mejora de instalaciones e infraestructuras. Algo que parece que es una constante cada vez que hay cambios en el Gobierno de España o en el de Andalucía.

La propia alcaldesa, Ángeles Muñoz, a la hora de referirse a los fondos europeos que vendrán al municipio, ha dicho que una de las iniciativas llevadas a cabo ha sido la de reunirse con los técnicos de los diferentes ministerios que evaluaron las propuestas para hacerles ver que Marbella no es la del estereotipo de quien todo lo tiene y que puede indicar que no hace falta una financiación adicional para garantizar un adecuado nivel de vida a sus habitantes. Y lo cierto es que a veces cuesta trabajo convencerlos de que las grandes piscinas de los hoteles no son las que utiliza la población, que las lujosas residencias para jubilados son privadas y no existen las públicas, o que el patrimonio se nos cae a pedazos por falta de financiación. También que, a pesar de algunas grandes citas deportivas que benefician a la promoción de la ciudad, las instalaciones para la población se han quedado pequeñas, porque el crecimiento demográfico y turístico ha ido por delante de las previsiones.

Después también nos encontramos con que los planteamientos políticos difieren en los partidos locales y siempre se le reclama más al gobierno del signo contrario, esté en la administración que esté con lo que se consigue la impresión de que ninguno de los dos lo hace suficientemente. Y tras la concesión de fondos viene la que debe ser buena gestión política de los mismos. Pero sí, hay que convencer a quien corresponda que distinga la Marbella del lujo de la que funciona en unos parámetros más normales, de la misma forma que parece que a los ciudadanos, una vez más, nos tienen que insistir en que también somos responsables de lo que tenemos y que el suelo que pisamos es de todos, aunque tengamos que sonrojarnos porque nos ponen en la calle una enorme caca de perro en una campaña publicitaria que reclama limpieza. ¡Qué cosas!

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