Faltan camas y luces

Ángel Escalera
ÁNGEL ESCALERAMálaga

Están los hospitales públicos de Málaga estos días como la Puerta del Sol de Madrid en Nochevieja. A tope. Como lo de antes de entrar dejen salir no es aplicable a los centros sanitarios, hay una evidente falta camas. Tan es así que los responsables del Hospital Regional Carlos Haya han tenido que habilitar de prisa y corriendo una planta del Materno Infantil para encamar en ella a pacientes adultos que ya no les cabían por ningún sitio en los dos vetustos pabellones del hospital general. Cada invierno se registra un incremento de la demanda asistencial, pero lo de este año está rebasando todos los precedentes. Las urgencias del Clínico y del citado Carlos Haya se encuentran al borde del abismo. Los profesionales hacen lo que pueden, pero los milagros, a Lourdes o Fátima. El personal que se encarga de la atención urgente se ve desbordado en este primer mes de 2018. Enero ha venido guerrero y ha encendido las alarmas de unos hospitales del SAS que ya se encontraban en una situación manifiestamente mejorable. Lo de «la asistencia está garantizada» es la frase preferida por los que mandan en la sanidad pública andaluza. La realidad, tozuda ella, se encarga de demostrar que la atención no está tan garantizada o, al menos, que en algunos casos se ha cruzado una línea roja que jamás habría que haber traspasado por el bien de los enfermos.

Y, paradojas de la vida, mientras que Carlos Haya y el Clínico están hasta un arriba y un poco más, la zona de hospitalización del CHARE del Valle del Guadalhorce sigue sin prestar servicios (tampoco funcionan los quirófanos), porque el suministro eléctrico actual de ese hospital carece de la potencia suficiente y todavía no se cuenta con la red definitiva. El caso manda narices. Es de chiste abrir un centro hospitalario sin contar con la luz precisa. Lo que evidencia la falta de luces de los que planificaron las características y necesidades del edificio para ofrecer una atención adecuada. Parece de broma, pero es muy serio que el Hospital del Guadalhorce, año y medio después de su inauguración, prosiga a medio rendimiento. Y mira que hubo tiempo para haber hecho todo bien. Pero no, se hizo de pena. Las consecuencias de esos errores, como siempre, las pagan los que menos culpa tienen: los pacientes. Aquí habría que haber pedido responsabilidades, pero, claro, como «la asistencia está garantizada», según el SAS, qué más da que el área de hospitalización del Guadalhorce continúe sin camas, cerrada a cal y canto y acumulando polvo. Parafraseando a don Quijote, con la Administración hemos topado, amigo Sancho.

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