Fácil y barato

F. L. CHIVITE

Lo primero que pensé el día del atentado (cuando pude pensar) es que no hace falta poseer grandes armas ni disponer de experiencia en el manejo de explosivos para asesinar a mucha gente. Sobre todo, si se está dispuesto a morir. Lo que pensé es eso: que matar es fácil. Y barato. Basta una furgoneta alquilada y un par de cerebros fanatizados para desencadenar la tragedia en cualquier sitio. Y eso fue lo segundo que pensé: que el atentado que se perpetró en la Rambla podía haberse llevado a cabo en cualquier otro sitio en el que hubiera mucha gente. En Barcelona o donde fuera. No se puede cerrar una ciudad entera con bolardos. No se pueden vigilar todas las zonas por las que las personas de Europa transitan libremente. Me acordé del camión que irrumpió en un mercadillo navideño en Berlín y de hechos similares recientes en calles concurridas de Londres, Estocolmo, Niza o París. Imaginemos, por poner un ejemplo estúpido, que París se bloqueara a base de bolardos y vigilancia policial permanente. Los terroristas se irían a atentar a cualquier otra ciudad: ciudades no faltan. Lo que me lleva a un tercer pensamiento: el terrorismo islámico en la actualidad no está especulando con sus atentados: actúa siempre que puede, buscando en todo momento el máximo impacto publicitario. Si hubieran podido encadenar más atentados lo hubieran hecho. Es decir, si no cometen más es porque no pueden. Y porque en realidad no hay tantos fanáticos dispuestos a entregar la vida para llevarlos a cabo. De hecho, aquí se inicia un bucle perverso, porque los atentados también están tratando de estimular la islamofobia en Occidente. Y eso es lo cuarto que pensé: la islamofobia es una reacción irracional propiciada sobre todo por el miedo y la ignorancia (una mezcla realmente peligrosa) que puede y suele propagarse a veces deliberadamente por idiotas morales y majaderos con acceso a los medios. Y a este respecto hay que decir que nuestro deber como profesionales de la información es combatir siempre la irrupción de la irracionalidad. La islamofobia solo puede alimentar la espiral de violencia y generar la aparición de nuevos fanáticos dispuestos a inmolarse. Justo lo que los terroristas del Daesh quieren. Lo que me lleva al quinto pensamiento: vivir en el miedo y en el odio es un error que te daña a ti mismo. Hasta cierto punto, este tipo de atentados fáciles y baratos son prácticamente imposibles de evitar. Tenemos que aprender a vivir con eso. Enzensberger decía que la probabilidad de ser víctima de un atentado terrorista está empezando a percibirse en nuestras sociedades más como un imponderable azaroso que puede ocurrirle a cualquiera (es decir, como asumimos el riesgo a sufrir un accidente de tráfico o una inundación) que como un acto con sentido político.

Fotos

Vídeos