Voltaje

Tenemos que expropiar la discoteca

El Bobby Logan siempre ha sido una fábrica de bienestar y debe seguir siéndolo

Txema Martín
TXEMA MARTÍN

En el urbanismo como en la vida no hay más triste que el sentimiento de abandono. En Málaga lo sabemos bien no ya porque esta dejadez se traslade a barrios enteros, sino porque además soportamos una cantidad alarmante de edificios que no tienen uso. Cada uno de ellos es una oportunidad perdida para la ciudad. Enumerarlos todos sería baladí: para eso ya tenemos un desalentador registro de edificaciones ruinosas donde la condición de ruina, tan común últimamente, puede alcanzarse cuando el coste de la rehabilitación supera el de la construcción de una nueva infraestructura. Pocas veces encontraremos algo tan pragmático y peligroso como esta definición.

Es muy probable que todos los días que salgamos de casa pasemos por delante de varios espacios en ruina. Por ellos se pasa de la misma manera en la que nos cruzamos con los mendigos: caminamos frente a ellos casi sin mirarlos, como si pensáramos que ignorarlos fuera capaz de producir de alguna manera su desaparición.

En Pedregalejo hay más solares que mendigos, lo cual por otra parte podría ser visto como un síntoma de progreso. Sería, eso sí, de un progreso pendiente de resolución. Aquí casi todos los días pasamos por delante de un edificio que está el pobre tirado en el suelo y que es el Bobby Logan, una estructura fantástica que un día albergó un cine, después una surrealista pista de patinaje y luego se reconvirtió en algo más raro todavía que es una discoteca en la que se podía patinar hasta rendirse a otra pista que es la de baile. El Bobby Logan siempre ha sido una fábrica de bienestar y debe seguir siéndolo. Tiene que hacerlo ya pero no hay manera humana ni administrativa posible. El Ayuntamiento prometió que se haría cargo, requisito indispensable para que esto se nos atragante hasta la náusea. Dijo que quería comprarlo basado en una tasación de 650.000 euros. Luego los propietarios pidieron tres millones y el Consistorio tiró la toalla por considerarlo «un gasto excesivo», como todas esas cosas poco útiles para atrapar turistas. Nótese que el Astoria costó 21 millones de euros. Málaga para la Gente, que junto a Málaga Ahora son los dos únicos partidos para los que la zona Este es más que un lugar para hacerse fotos, volvió a reivindicar hace poco el uso del edificio para una sala de teatro, otra de cine, una escuela de formación y una sala de exposiciones. Los vecinos incluyen también las bondades de un aparcamiento. Todo esto sería estupendo para un barrio de esta 'Ciudad Genial' donde viven 50.000 vecinos y que no tiene ningún equipamiento cultural ni de ocio, ni público ni privado, más allá de bibliotecas públicas para niños y jubilados, y algunas peñas. Es urgente que nos decantemos por algo y procedamos a algo muy saludable que es amenazar con la expropiación si sus propietarios no se ponen las pilas para dotar al edificio de algún uso de los que señala el PGOU, y mucho mejor si es el cultural o social porque El Palo es un auténtico erial de servicios públicos.

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