EXPRESIÓN EN LIBERTAD

FRANCISCO MOYANO

Seguramente se trata de una batalla perdida. Desde hace unos años se ha extendido la denominación de parque para hacer referencia a la Alameda; no existe ningún documento histórico que avale esa consideración: en Marbella siempre fue el 'Paseo de la Alameda', al igual que buena parte de la antigua carretera general (antes aún camino de Estepona) era el Paseo de Guadalpín o de 'Joapín', en pronunciación marbellera. Como el lenguaje es algo vivo y cambiante, quizás también lo sean los topónimos y habrá que resignarse a que el viejo Paseo, orgullo de la ciudad, pase a ser parque, pero creo que el cambio a esa denominación habrá tenido su origen en la simple ignorancia. Al sur del que continuaré llamando Paseo de la Alameda, se extiende la Avenida del Mar, que durante la Dictadura se llamó de José Antonio y era un lugar cubierto de jardines. A partir de los noventa del pasado siglo, tras la construcción de un aparcamiento subterráneo, el mármol y alguna fuente con pretensiones vanguardistas, comenzó a formar la materia del paisaje de la avenida. En los últimos años es lugar propicio para la instalación de parte de la feria de día en San Bernabé; también ha sido lugar de concentración ciudadana para múltiples expresiones: desde manifestaciones antibelicistas con ocasión de la Guerra de Irak, en contra del terrorismo o tribuna desde la que en repetidas ocasiones se ha pronunciado el pregón de la Feria de San Bernabé, momentos antes de procederse a la sesión de fuegos artificiales, que se anuncian silenciosos para posteriores ediciones. Al sur de la Avenida del Mar, muy cerca de donde se encuentran uno de los centros sagrados de la gastronomía marbellí, el Restaurante Santiago, histórico establecimiento que desde hace medio siglo regenta Santiago Domínguez, se sitúa un singular monumento: a la Libertad de Expresión. Paradójicamente fue inaugurado cuando en el Ayuntamiento gobernaba el Grupo Independiente Liberal (GIL). La obra se debió a la autoría del escultor madrileño Eduardo Soriano, artista conocido sobre todo por su abundante producción en torno al caballo, aunque siempre se mantuvo evolucionando en su arte, en vanguardia de la creación escultórica. No parece que en aquella década de los noventa ejercer la libertad de expresión en Marbella fuese tarea fácil. Este asunto de expresarse en libertad no es tarea fácil en ningún momento y hacerlo conlleva un precio que no siempre estamos dispuestos a pagar. En unos tiempos como los actuales, donde todo debe estar presidido por una exquisita corrección política y el papel de fumar como sostén predomina, todo ejercicio de expresión pública pasa por un castrador filtro que no puede denominarse censura, porque no la impone ninguna autoridad, pero sí de auto censura; nadie quiere utilizar la palabra o la frase considerada incorrecta para no ser 'linchado' en las redes sociales, siempre dispuestas a celebrar juicios sumarísimos con escasa posibilidad de apelación o de recurso. Hay que pensar muy bien qué se dice para no molestar a algún grupo social, organismo, credo religioso o asociación de vecinos; medir las palabras para no ser considerado machista, 'homo-heterófobo', 'facha' y otras calificaciones parecidas. Hasta el famoso juez Calatayud, tantas veces elogiado, ha cometido últimamente 'graves pecados' en ese sentido. Se observa frecuentemente lo bien que nos parece la libertad de expresión cuando se trata de ejercerla para criticar o juzgar el comportamiento de los otros y, sin embargo, cuanto ofende cuando son los otros los que se pronuncian sobre el propio proceder. Creo que de esto que afirmo saben mucho los políticos que cambian de cristal según se contemple el panorama desde el gobierno o desde la oposición. Sin duda no puede obviarse que también se produce en ocasiones el abuso de la libertad de expresión; para ello recoge el código penal español los denominados delitos de opinión y las acciones judiciales están para algo. Pero es este un derecho que en muy contadas ocasiones debería ser sancionado; tampoco se trata de consultar, cada vez que se habla, el diccionario de la RAE o el mastodóntico de doña María Moliner. Esperemos que el monumento a la Libertad de Expresión de Marbella, nunca represente un elemento meramente decorativo.

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