Experimentos con la verdad

El sitio de mi recreo

José Antonio Trujillo
JOSÉ ANTONIO TRUJILLOMálaga

El terrorismo es hijo de la mentira. No hay disfraz que pueda revestir con apariencia de humano la realidad cruel de la barbarie. La violencia gratuita contra las personas no tiene nunca justificación. El relato terrorista procura siempre culpabilizar a las víctimas y justificar a los verdugos. Enfrentarse a los auténticos responsables del dolor, el sufrimiento y la muerte, no es un asunto sencillo y con resultados inmediatos como por desgracia en España conocemos, pero es un gravísimo problema que cuestiona nuestro modelo de sociedad y que requiere nuestra máxima atención. No puede haber triunfo sobre el terrorismo si se desprecia la verdad, el atajo de la mentira nunca debiera ser una opción.

Las consecuencias del último atentado terrorista en Barcelona están siendo cada vez más preocupantes. Al dolor de las víctimas, y al miedo de nuestra sociedad a que pueda ser en cualquier momento de nuevo golpeada, se le suma el manejo interesado de la información de todo lo relacionado con el suceso que están realizando los responsables políticos y policiales independentistas. Hace tiempo que el Gobierno catalán ha dado muestras sobradas de poner sus aspiraciones soberanistas por encima de cualquier otro asunto, por importante y grave que éste sea. Cualquier tema puede ser revestido de ropajes políticos para que pueda hacer su servicio a la causa, en este caso el 'procés'. No creímos que también los temas relacionados con la seguridad y el terrorismo podían utilizarse para ese fin, pero desde el primer minuto cuando asistimos al discurso triunfalista y sectario de la gestión de la crisis tras el atentado, comprobamos que ese límite también había sido traspasado. Los mandos de policía autonómica catalana se han prestado a esta manipulación burda de los hechos y han oscurecido la labor abnegada de los que se juegan la vida por defender nuestra libertad. El guión comenzó a desmoronarse cuando el alcalde de la localidad belga de Vilvoorde aseguró que la policía de su municipio había consultado a los responsables policiales catalanes sobre la figura del imán de Ripoll y cabecilla de la célula, después vinieron las dudas de la juez de Alcanar y las decenas de bombonas de butano, le siguió el relato oscuro de la persecución de los asesinos y por ahora, ha finalizado con los avisos internacionales no atendidos, sin olvidar la utilización vil de la manifestación del pasado sábado. Tantos agujeros negros han sido contestados por el consejero Forn y el policía Trapero con ataques a la prensa y al Gobierno español, ambos prestando sus mejores servicios a la posverdad. El nacionalismo catalán excluyente desde hace años anda ocupado en realizar continuos experimentos con la verdad. Estamos obligados a afirmar que la mentira no es necesaria, ni definitiva.

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