La estrategia del todo

YOLANDA VEIGA

La estrategia del todo. No lo llamarán así en Telecinco, pero básicamente es eso, llenarlo todo. 'Gran Hermano' arrancó el martes con una casa llena de gente (cien personas nada menos). Ya hay menos y menos que quedarán porque el jueves hubo gala y ya tenemos nominados. De momento el 'reality' se ha agenciado dos veladas en la misma semana y está por ver si no rasca alguna más. Es la estrategia que ha seguido ya los años anteriores y la misma que siguen con 'Supervivientes', el otro buque insignia de la cadena. Conquistar al público por saturación, el exceso y la insistencia como medio para obtener resultados. Hasta ahora les había funcionado, pero esta semana han visto las orejas al lobo. Ni el martes ni el jueves fue 'GH' líder de la velada y eso para un programa así es una catástrofe.

Inevitablemente el formato tiene que acusar cierto desgaste después de 17 años, pero los que saben del asunto insisten en que el casting es la clave. Este año le han puesto a 'GH' el sugerente apellido de 'Revolution', pero de revolución, nada. Por lo que hemos visto hasta el momento, Guadalix es una reunión de veinteañeros con ganas de salir en la tele.

Los que hicieron la revolución fueron los de la primera edición. Aquella gente se presentó al concurso sin saber muy bien a qué se exponía, y mientras estuvieron dentro de la casa jamás llegaron a imaginar siquiera que se habían convertido en auténticos famosos, con reporteros a la puerta de sus casas, de sus negocios, con su cara en las revistas y sus intimidades expuestas. Todavía hoy nos acordamos de sus nombres, de cómo se presentaron, entre tímidos y temerosos, a los castings.

Hoy los castings están llenos de gente con ganas de dar la nota a cualquier precio. Precisamente uno de los nuevos inquilinos de Guadalix contaba que durante los 9 años que estuvo con su novia le puso los cuernos «dos o tres veces». Se ve que el chaval quería ganar puntos... y los ganó porque está dentro. Pero no deja de ser una pena que tenga que venderse así. En tres o cuatro meses probablemente no nos acordemos ni de cómo se llama este chico. Porque a los espectadores de 'Gran Hermano' les pasa lo mismo que a él con los cuernos, que tienen memoria frágil.

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