Esperpento y más

Antonio Soler
ANTONIO SOLER

«¿Qué ha hecho usted esta mañana, don Manolito? ¡Tiene usted la expresión del hombre que ha mantenido una conversación con los ángeles!» Así arranca el esperpento de Valle Inclán 'Los cuernos de don Friolera'. Quien hace la pregunta es don Estrafalario. Esperpento y cúmulo de situaciones estrafalarias es lo que estamos viviendo a costa del Procés. Anteayer, como don Manolito, muchos independentistas parecían haber mantenido una conversación con los ángeles en forma de república catalana. Transmudados, oyeron cómo finalmente se proclamaba el nuevo Estado. Y esta vez los rostros no se vieron desfigurados a los pocos segundos por la frustración. La entrevista con los ángeles seguía. Y seguía el estrambote.

La cadena de acontecimientos, eso que ahora, también esperpénticamente, todo el mundo llama el relato, parece surgida del magín de Valle con el inestimable asesoramiento de García Berlanga y Rafael Azcona. Un Parlament que los días 6 y 7 de septiembre salta con pértiga por encima de sus propias leyes, un presidente de la Generalitat originario de un partido conservador avalado por un grupo antisistema que, haciendo de genuino don Friolera, proclama la república -¿o no?- y la suspende diez segundos después. Medio parlamento firmando en un patio la declaración de independencia que no/sí se ha proclamado. El mismo don Friolera asumiendo convocar elecciones autonómicas a las 13.30 h. y anunciando que hará lo contrario a las 17.00 h. y de paso dando lugar a que sus socios lo llamen Judas, traidor y botifler y un rato después lo aclamen como héroe de la nueva patria. Diputados votando en secreto para evitar las consecuencias legales de un Estado al que supuestamente ya no pertenecen.

Mucho esperpento. Sí. Pero también mucho más. Porque el esperpento, que en el fondo siempre encierra un drama, puede convertirse en tragedia. La fabulosa maquinaria puesta en marcha por los independentistas desde hace años ha hecho creer a dos millones de catalanes que la conversación con los ángeles es real y que los cuernos de don Friolera son ciertos. Que Arcadia espera al otro lado de la puerta separatista y que el resto del Estado los engaña -Espanya ens roba-. Un Estado convertido en lastre que les sustrae sus señas de identidad y les impide ser ellos mismos. Cientos de miles de catalanes creen a pies juntillas que no son libres, que viven sojuzgados, que su lengua está amenazada por la intolerancia del Estado español. La campaña de propaganda ha hecho un trabajo perfecto frente a un deshilachado discurso legalista falto de inteligencia y de imaginación. Puigdemont y los suyos se afanan en prolongar el esperpento jugando a la ruleta rusa, sabiendo que, cuando ya todo está perdido, un asomo de tragedia tal vez pueda acudir en su ayuda. Sin esa vuelta de tuerca nadie les va a hacer caso. Por mucho que Romeva llama a las embajadas nadie los reconoce. De momento la respuesta que obtiene es la misma que en la obra de Valle manifestaba el teniente Cardona: «¿Es que vamos a tomar en serio los cuernos de don Friolera?»

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