España en trance

La primera medida del ministro de Cultura ha resultado ser revolucionaria

Txema Martín
TXEMA MARTÍN

Cómo son las cosas, al final los optimistas teníamos razón: la primera medida de Màxim Huerta como ministro de Cultura ha resultado ser revolucionaria. Ha devuelto un sentimiento colectivo de decencia que creíamos perdido por disolución. En apenas una semana, su mandato se ha columpiado entre dos fuertes impactos, el primero y el último, que de tanta fuerza han terminado por catapultarle lejos del terrenos de juego. Es el ministro que menos ha durado en la historia de nuestra democracia. Màxim Puerta, como le llamaban ayer en Twitter, por este orden, la gente corriente y los salvadores de la moral.

Que un ministro haya dimitido por un enganche con Hacienda sucedido hace diez años ha dejado a España en trance. No tenemos costumbre. Hasta en el PSOE se sorprendieron a sí mismos intentando convencerse de que no era para tanto: con lo que han hecho los demás, ¿cómo va a renunciar ahora? Que encima se haya ido a los seis días de empezar no solo marca un récord, sino que además es el signo definitivo de que estamos en otro tiempo. En uno en el que hay políticos que se marchan por cosas así. Qué fuerte.

Hemos cambiado de tiempo (nueva era) pero el lugar sigue siendo idéntico: la misma España en la que abunda la carroña y la celebración espontánea de juicios morales por parte de quienes no deberían hacer otra cosa que callarse. Los de la oposición señalan la paja ajena para sobrevivir pero son conscientes de que igual les podía haber tocado a ellos. Desde Iglesias a Rivera, los líderes de 'lo otro' salieron a adjudicarse el tanto. El primero ha dicho que «la ciudadanía ya no tolera estas cosas», como si antes hubiéramos dado algún crédito. El segundo ahora mismo sería capaz de atribuirse la invención de la penicilina o la propia Constitución, si es que no ha hecho ya alguna de las dos cosas. En el PP ya no se sabía muy bien a quién preguntarle porque el partido entero está flotando en unas aguas fecales con suficiente profundidad como para no dar lecciones en público a nadie, y menos en lo que respecta a temas de corrupción, precisamente porque son unos expertos.

Otro indicio de que estamos en el futuro pero seguimos en España es nuestra intocable hipocresía. Habría que preguntarse qué habrían hecho muchos de los que señalan a Huerta si hubieran estado en la misma situación. ¿Hay alguien ahí a quien le guste pagar la mayor cantidad de impuestos posible? Desde luego yo jamás he conocido a nadie. Ahora mismo en España hay tanta gente enfrascada con el fisco que va a llegar el momento en el que si no tienes problemas con Hacienda es porque tu vida no tiene color. Y otra cosa: a ver si ahora los ministros solo van a poder ser superhéroes porque, entonces, entre lo poco que pagan y el tercer grado al que te someten, esta dichosa llamada para convertirte en ministro puede ser una de las peores cosas que pueden llegar a ofrecerte.

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