España tópica y compleja

POR AHORA

Dicen que este año no se puede ir muy lejos, que el verano político viene más calentito que el puramente meteorológico

JOAQUÍN L. RAMÍREZ

Lisboa no es la capital de España y, por tanto, la brisa atlántica queda lejos y sólo puede adivinarse en el recuerdo o en las historias que cuentan. Se empeñó Felipe II en que la capital fuera Madrid y ya no tiene arreglo. A cambio, los españoles construimos en la villa madrileña una gran ciudad llena de belleza y posibilidades... En la que en verano apenas se puede parar. Cuando a las diez y media de la noche, a 34 grados Celsius -terral permanente-, deambulas por sus calles, aún murmuran sus peatones, para animarse, de los calores ajenos del interior de Andalucía o Extremadura. A Madrid va todo el mundo -dicen-, pero también de Madrid todos emigran en agosto, y porque no pueden hacerlo ni en junio ni en julio.

Dicen que este año no se puede ir muy lejos, que el verano político viene más calentito que el puramente meteorológico, pero todos los años pasa algo que aconseja lo propio. Líneas de AVE, autovías, autopistas y aviones, nos ponen a todos cerca. Así que quien quiera llamar -tocar a rebato- que lo haga, no andaremos a distancias siderales.

El espíritu castellano y el de la indómita León, mitad monje mitad soldado, en el centro de una agricultura dura y su minería sacrificada, alumbró Madrid y durante años impuso su filosofía adusta y conservadora. Muy cerca, los extremeños, conquistadores y valientes hidalgos, hermosas dehesas puerta del Portugal que hay a su espalda y decenas de bellísimas ciudades de especial e inigualable sabor de historia y leyenda. Arriba los gallegos, viajeros impenitentes, marineros, emprendedores llenos de impulso y valor, con la mochila bien cargada de irrenunciable morriña: a la primera me voy, pero ni te olvido ni quiero hacerlo, porque pronto he de volver. Asturianos, pescadores y mineros, gastrónomos de primera, atlánticos que sonríen, laboran, cantan y penan en un paisaje verde de inigualable belleza; Asturias es España y lo demás... Cántabros que son la costa de Castilla, serios, responsables y comprometidos, ciudades y playas que todos envidian. Riojanos inventores de nuestra lengua, primero castellano y hoy español, vinateros inigualables, laboriosos y capaces. Navarros hidalgos, cargados de la nobleza de sus tradiciones, leales, diversos y exquisitos. Vascos industriales y repentinos, fuertes e intensos en un territorio mucho menos extenso que sus grandes contrastes y diferencias, un universo complejo, noble y valiente como sus naturales. Catalanes marinos, industriales y burgueses, comerciantes y cultos, esforzados y florecientes, generosos e intérpretes para España del sur francés. Aragoneses, urbanitas y pirenaicos, de Huesca o de Teruel, de Jaca, Calatayud o Tarazona, Calanda o Canfranc, del rey Fernando, de Agustina y del madrileño general Palafox. Valencianos, trabajadores, alegres y amantes de la vida, dueños del Mediterráneo como casi ningún otro pueblo, el mar es su mirada y su brisa la limpieza en la frente, de Alicante, Castellón, Benidorm, Sagunto, Peñíscola. Islas Baleares de Mallorca y de Palma, de Inca, Valldemosa, Deyá o Sóller y Binisalem, de la Ibiza universal que el mundo adora y ansía, de Menorca verde, coqueta y completa, Ciutadella, Mahón, Fort Marlborough, Ferrerías, San Lluis o Punta Prima, de Formentera, paraíso a su cuidado o de Cabrera, impulsores de esfuerzo serio y exitosa economía. Murcia y Cartagena, soldados, marinos y huertanos, España es su color y su ser, afrontan los días sin complejos y no cesan de crecer. La Mancha es llana y es vino, es Almagro y Toledo, es la otra capital de España, historia y literatura tatuada universalmente para siempre por Cervantes con 'El Quijote', la Mancha es un lugar del que nadie puede ni quiere olvidarse. Andalucía tópica, menos flamenca que Madrid o Barcelona, tan grande como Portugal, tanto que sería un país, pero que no puede serlo porque es corazón español, es identidad, carne y sangre de la España que ama, sur de ciudades universales que se industrializa a remolque de nortes más fríos. Canarios fusión de españoles de ultramar, puerto y parada de los que vinieron a la vuelta de sus genes y los que siempre se van, permanente embajada americana en una España atlántica de suave y musical acento que gobiernan sus islas distantes, distintas y suyas, por ello nuestras. Ceuta africana, portuguesa y de España, plaza militar, avanzada, desnuda y comercial. Lejos de Melilla, trozo urbano de belleza modernista enraizada en la españolidad que es esencia y necesidad ante el continente africano, enclave europeo al sur lleno de realidad y competencia. Cuando cantas a España la música no acaba, dar una vuelta para llegar a conocernos destierra por grosero, inapropiado y falso, aquello de ser o venir de 'provincias' y explica quiénes y todo lo que somos. No hay mejor lugar al que ir ni peor y más pobre jugada que abandonar.

Fotos

Vídeos