En España se puso el sol

Qué tremendo contraste la grandeza austera de los Austrias con el oropel borbónico...Nuestra Historia. No tenemos otra. Nuestra grandiosa Historia, con sus luces y sus sombras

MARIANO VERGARA. ABOGADO

Todos los que me conocen bien, saben que suelo pasar largas horas deambulando por el Museo del Prado. Miro, observo, dedico un rato solo a una sala, a un país, a un pintor. Creo conocerlo un poco. Más es imposible. Ayer, despues de comer con unos amigos, tuve el impulso de pasar en él la tarde en la que se estaba consumando la destruccion de nuestro pais. Pase lo que pase, las cosas no van a ser iguales nunca más. No sé qué me movió a ello. O quizas sí, porque al llegar al recinto sagrado que encierra la grandeza de España, instintivamente tenía trazado en mi cabeza el recorrido: solo el de la Historia de España. Pero lo hice en sentido inverso: empezando por el final. Para ir de la periferia al núcleo. Me fui a las salas que encierran las grandes obras historicistas del XIX, porque recogen momentos cuya realizacion no se corresponde con los sucesos reflejados en ellos, pero que es la única forma de conocerlos. Contemplé el testamento de Isabel la Catolica, que según los grandes pensadores y tratadistas actuales, sabios ellos, realmente no significo nada, ni creó nada, ni tuvo ninguna consecuencia. Y a Torquemada, arrojando el crucifijo ante los RRCC, acusándoles de vender a España por dinero, como Judas a Cristo, por aceptar una donacion de un rico judio, para evitar la expulsion de su pueblo. Y a Juana la Loca, con el cadáver de su marido Felipe, deambulando por los campos de Castilla, con esa mirada perdida y la toca al viento helado de la meseta, que son la imagen viva de un cerebro trastornado. Un cerebro y un país.

Y 'El fusilamiento de Torrijos', esa obra magnifica que tan bien conocemos en Malaga. El monstruo asesino de Fernando VII 'el deseado' ( ay, los que dicen que el pueblo nunca se equivoca...) masacró a los liberales, como peligrosos delincuentes, en vez de la única esperanza de nuestra patria (si, patria, la tierra de los padres, un hermoso concepto denostado por el analfabetismo rampante). Después contemplé la eterna lucha a bastonazos y el perro hundido de Goya ( Señor, qué clase de genio hay que ser, para pintar eso!), que siempre me producen un tornillo de angustia en la boca del estómago. Subí a la primera planta. Goya: 'la carga de los mamelucos' (¿qué fue de aquellos puñales?), 'Los fusilamientos del 2 de mayo' (¿dónde están los descendientes de aquel pueblo que se enfrenta a gritos con los fusiles, abriendo los brazos como nuevos cristos), 'La familia de Carlos IV'(que si no fuera por el boato de sus trajes, recuerdan en su estulticia a las pinturas negras del propio Goya, o a Zuloaga, o a los saltimbanquis de Picasso), el retrato de Maria Luisa a caballo (con el cuerpo erguido y soberbio sosteniendo su fea cara; este retrato siempre me ha recordado una copla de Juanita Reina, que empezaba con algo asi como «Paca Mora va a caballo...»). Después de un paseo por el sosiego de Carlos III, tanto el anciano burgués cazador, de Goya, como el glorioso de Mengs, llegó a la gran sala que encierra a la familia de Felipe V, de Van Loo. Cuanta gloria, cuanto esplendor y cuanta miseria humana en obra gigantesca, en la que se impone la figura dominante de Isabel de Farnesio, tramando en su cabeza, en qué trono iba a colocar a cada uno de sus hijos.

Y después la España eterna, los Austrias. No creo que haya en el mundo muchos lugares de encuentro como la crujía central del Prado, en la que el desafiante e imperial Carlos V en Mulhberg a caballo, convertido en un auténtico Caesar Imperator, enfrenta a las Meninas, para mí, la pintura de las pinturas, como el cine en el cine. Y entras en la sala y descubres la elegancia suprema de los Felipes y a Isabel de Borbón y Mariana de Austria. Hasta la forma de sujetar un guante adquiere en Velazquez un signo, una forma, una elegancia y una naturalidad, imposibles de explicar.

Y la sala de los cuadros del Salón de Reinos, con la defensa de Cádiz de Zurbarán y la Toma de la Bahía de los Santos de Maino... y la sala Austria, con el Toisón en bandolera y en cuyos cuadros, de Pereda y Carreño y Sanchez Coello, en los que parece oirse el crujido de la seda negra, con esa joya de Mariana de Austria viuda, vestida de monja, como visten a la Virgen de la Soledad de la Portería de Las Palmas las Manrique de Lara... Y el príncipe Baltasar Carlos, esperanza frustrada de España. Y el auto de fe en la plaza Mayor, de Rizzi, esencia viva de aquella locura de la exacerbación de la pureza de sangre y la religión impuesta. Qué tremendo contraste la grandeza austera de los Austrias con el oropel borbónico...Nuestra Historia. No tenemos otra. Nuestra grandiosa Historia, con sus luces y sus sombras. Desde luego, en mi opinion humilde, inigualable.

He dejado para el final al conde-duque de Olivares de Velázquez. El retrato del poder, y una esperanza fallida de reformas en la monarquia. Recuerden el Gran Memorial (multos regnos, sed una lex), enviado a Felipe IV y que a la larga le costó el cargo. Olivares ya vio la necesidad imperiosa de organizar y unificar a España. En él, dice al Rey, que piense en que debe ser Rey de España, antes que de los múltiples reinos que componían la Monarquia. Y lo vio mucho antes de la llegada de Felipe V. Y tuvo el enfrentamiento con ese cura mercader llamado Pau Claris, que cambiaba el sometimiento de Cataluña a Luis XIII, o a Felipe IV, segun le conviniera. Y creador por unos dias de la primera república catalana, con «los tres brazos». Hoy convertido en un héroe nacionalista junto a Rafael de Casanovas.

El conde-duque aparece en el retrato de Velazquez en la cumbre de su poder. Y en este momento, estando absorto en mis elucubraciones, se colocan junto a mi, dos chicas de unos veinte años,de las mayoritarias hoy en dia: pircings, leggins, tanga y camiseta dejando asomar las lorzas. Y dicen:

- Y este capullo quien es?

-No sé. Yo lo he visto en el cine.

No pude reprimirme, y les dije: No es ningun capullo. Es el conde-duque de Olivares, que tuvo que enfrentarse a la primera revolucion catalana de los tiempos modernos. ¿Sois victimas de la Logse, o de qué?» Me miraron con cara de espanto e ignorancia cósmica, me dieron las gracias, se fueron y no hubo nada. Al menos, no me insultaron. Salí con una tremenda sensacion de soledad. Caia la tarde. Los móviles no funcionaban. Los «salvadores de España» se manifestaban en Sol, a la espera de conquistar los cielos y llevarnos a los infiernos.Empece a caminar. Pase por delante de la llama eterna de la Plaza de la Lealtad. Ardia sola.

No pude evitar un nudo ahogado en la garganta.

Mire los muros de la Patria mia...

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