ESPAÑA: EL DÍA DESPUÉS

Manuel Castillo
MANUEL CASTILLOMálaga

Es difícil acertar en días como el de hoy. Después de tanto escrito y con tanto por escribir. Y con horas por delante llenas de incertidumbre y temor, con el convencimiento de que es imprescindible que el Estado mantenga su firmeza y dignidad y con la única certeza de que España se levantará mañana con una fractura social que perdurará muchos años y con la que tendremos que aprender a convivir.

Es desconcertante pensar cómo hemos llegado hasta aquí y la interminable lista de falacias que los independentistas han asumido como verdades absolutas, construyendo un 'procés' catalán sobre una realidad falsa, manipulada y arbitraria. Cualquiera habría considerado una locura imposible todo lo que está ocurriendo en Cataluña, en su Parlamento, con listas negras, delitos, presiones, acosos y rebeldías propias de repúblicas bananeras y dictaduras.

Hoy sólo cabe la unidad, la sensatez y la determinación de hacer cumplir la Ley. Y mañana habrá que empezar a reconstruir una sociedad dividida y maltrecha, con un componente emocional capaz de abrir heridas o impedir que se cierren. Es llamativo cómo todo este asunto ha despertado un sentimiento españolista frente, y eso es lo peligroso, a un virus independentista que corre por la cornisa norte del país. Manifestaciones en contra y a favor del referéndum, banderas de España en los balcones, esteladas en los lugares más insospechados y algún indocumentado nostálgico del fascismo. Un cóctel peligroso.

Hoy España se la juega. Y aquellos que se autodenominan líderes tienen que estar a la altura y no escondidos, agazapados debajo de la mesa de camilla, esperando que se les pase el susto. Y no sólo en el Gobierno, sino en los partidos de la oposición. Estos días todos se van a retratar definitivamente. Y los tres poderes de Estado necesitan el respaldo sin fisuras de la ciudadanía que defiende la unidad de España y su modelo territorial. El Ejecutivo, con el presidente Rajoy como referente; el Legislativo, y el Judicial tienen ante sí la jornada más difícil desde el golpe del 23-F.

Y en este contexto uno se enorgullece del papel de Andalucía, capaz de expresar su apoyo mayoritario al Gobierno (salvo Podemos e IU, que siguen a lo suyo) y de representar el modelo de una autonomía con una enorme identidad cultural e histórica que se siente andaluza y española y que está dispuesta, sin complejos ni prejuicios, a defender la unidad de España y su modelo territorial y de financiación basado en la solidaridad, enarbolando la igualdad de las personas frente a los que quieren trocear España para su beneficio. Con un 3 por ciento para la buchaca, por supuesto.

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